NUEVA YORK.- En la Séptima Avenida, en el Greenwich Village, bastante más al sur del ajetreo de la Penn Station, de los fragores del Madison Square Garden, de las luces y el esplendor de Times Square, de los sonidos del Carnegie Hall y de ese tramo lujoso que los neoyorquinos llaman Fashion Avenue, se encuentra el Village Vanguard, decididamente, un lugar mítico del jazz.
Entre muchos más, por él pasaron y dejaron huellas profundas, con sus respectivos álbumes, Sonny Rollins, Bill Evans, John Coltrane y, en tiempos más recientes, Wynton Marsalis y Keith Jarrett. En ese mismo lugar, durante una semana, a razón de dos funciones diarias que contaron con el célebre sold out en la boletería, Guillermo Klein y Los Guachos -nada de gauchos, sino exactamente "guachos"-, maravillaron a los neoyorquinos que saben que este pianista y compositor argentino ofrece un jazz diferente, de altísimo nivel y, lo más destacable, absolutamente argentino o, al menos, novedoso y distinto.
Klein, que volvió al país hace pocos años y desde acá emprende sus giras de presentaciones por los Estados Unidos y Europa, desarrolla un jazz que utiliza, ostensiblemente, recursos musicales devenidos de la música de raíz folklórica.
No son pocos los músicos latinoamericanos y de otras latitudes, también, que arrancan sus propuestas desde territorios sonoros diferentes a los de la música afroestadounidense. Músicos brasileños, cubanos y también argentinos, entre muchos más, comienzan con el "color local" para continuar luego con improvisaciones individuales o colectivas a puro jazz.
Lo interesante de Klein es que puede partir de un tema atravesado con los patrones rítmicos de una chacarera o de una zamba y el componente identitario es mantenido a rajatabla hasta el final. Y no sólo eso. Sobre estas estructuras rítmicas puede montar, además, giros melódicos y progresiones armónicas de indudable procedencia argentina, entremezclados, por supuesto, con recursos idiomáticos del jazz. Y no sólo del jazz, porque también tienen cabida en su propuesta la idea del objeto musical característico del minimalismo, sonoridades del pop y de la música de vanguardia, unas y otras, y elementos abstractos de músicas no encasillables.
Los Guachos, diez músicos de los cuales la mitad son argentinos, incluyen trompetas, saxos de todos los tamaños, trombón, guitarra, bajo, batería y percusión. Los arreglos, todos de Klein, dibujan texturas y sonidos increíblemente originales y variados, y dan lugar también a las infaltables improvisaciones individuales, todas, saludadas con largos aplausos. Klein cantó, con su media voz destemplada, "Los mareados", ofreció su tributo a Bill Evans, paseó por senderos argentinos y norteamericanos por igual y, en el final, tal vez para dejar claramente señalada una identidad musical, recreó, con un arreglo de increíble fantasía, el primer movimiento de la "Sonata para piano Nº 1", de Ginastera. Entre quienes aplaudieron generosamente la propuesta, esa última noche del ciclo neoyorquino, coincidencias que sólo el azar puede proveer, también se encontraba Georgina Ginastera, la hija del compositor.
Dentro del glorioso historial que atesora el Village Vanguard, con Guillermo Klein y Los Guachos, también hay lugar para una noche de jazz con sabores argentinos. O, quizá, para una noche de música argentina vestida con el mejor jazz. Una alteración del orden enunciativo que no tiene una única lectura, pero que tampoco es un detalle menor.