Una perdió a su bebe; la otra desnudó a 6, 7, 8. La opinión pública fluctuó entre ambas
Habrá que ir pensando en cambiarle urgentemente el rótulo a la "prensa del corazón", tal vez por el nombre de algún otro órgano menos romántico (o, más bien, por su contenido).
Es que lo que nació siendo un género candoroso, que fisgoneaba la vida de las celebridades, se viene resintiendo aceleradamente en los últimos años por haber pasado a manos de depredadores rapaces que han terminado por envilecer el género con sus oscuros tejes y manejes, actitudes extorsivas y mitómanas, discursos difamatorios y groseras manipulaciones. Todo es válido, todo se trafica, nada se salva, ni siquiera los propios derrapes de comunicadores de esa calaña que tampoco están exentos de sufrir las consecuencias de su tóxico proceder.
El capítulo más trágico de la involuntaria novela protagonizada en la vida real por Juana Viale (la pérdida de su bebe) dejó todavía más expuesta la sordidez a que son capaces de llegar algunos/as capangas del lamentablemente bastardeado rubro de chimentos con tal de adelantar informaciones incomprobables o deslizar comentarios de una crueldad innecesaria. Nadie dice que deba existir un cerco informativo en torno a una figura convocante en el peor momento de su vida, pero cierta prudencia y respeto debería prevalecer.
La foto, por ejemplo, de la pequeña Ambar, hija de Juana, dentro de un auto semiescondida, no aporta informativamente nada. La batalla campal desatada entre movileros y fotógrafos gráficos, abalanzados sobre el auto de Mirtha Legrand, y personal de seguridad del Sanatorio de la Trinidad, fue sencillamente bochornosa.
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El autoritarismo, claro, también se ha infiltrado, y cómo, en estos rubros aparentemente inofensivos y superficiales. El encumbramiento de personajes de modales agresivos, que hasta hace no muchos años chapoteaban en la periferia televisiva, se debe fundamentalmente al aval por acción (sorprende que personas aparentemente honorables, inteligentes y de cierta sensibilidad les rindan cholula pleitesía y les festejen sus peores excesos) o por omisión (los que callan por temor a represalias o a ser insultados públicamente).
Esta semana que pasó no sólo el caso Juana Viale sacudió estas fétidas aguas, sino también la "censura trucha" de América (el payasesco sainete, pésimamente zurcido, en torno de un programa de este tipo de menudencias ásperas y los tironeos, nunca bien explicados, sobre cuál fue el diferendo que realmente apareció entre su mentor y uno de los accionistas de la emisora).
La sangre en el ojo por haber perdido los derechos de transmisión de los Martín Fierro llenó de indisimulable fastidio a América. Y, a partir de allí, la situación se desmadró. Hasta por un momento pareció que la batahola iba a dejar un saldo positivo para el canal de Palermo Hollywood si es que lograba, por fin, sacarse de encima a su propio Hugo Moyano. Pero no.
La kilométrica y despareja fiesta máxima de la TV argentina se mudó este año a Canal 13 que, paradójicamente, durante años despotricó por la calidad de ese premio. Sucede que ahora que el Premio Clarín Espectáculos fue suspendido por obvias razones, el Martín Fierro fue revalorizado por necesidad y, fruto de esa reconciliación, Aptra, la asociación que lo entrega, llenó a la emisora del Grupo Clarín de estatuillas. Y todos contentos, inclusive Mariana Fabbiani, la única premiada de América.
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El público se cree ajeno a ciertas cuestionables maneras con que la industria del entretenimiento manufactura algunos hechos y sólo se dispone a disfrutar o padecer sus contenidos, como si no tuviese ninguna incidencia indirecta en cómo se los produce y en su permanencia en pantalla. Y no es así.
Como bien Beatriz Sarlo, en su comentado paso por 6, 7, 8 , le espetó al filósofo oficial Ricardo Forster, ya hace cuarenta años que se abandonó la teoría de que los medios le arman totalmente la cabeza a la gente como se les da gana. De hecho, por la misma época, con gran lucidez, el mismísimo Juan Domingo Perón lo reconoció (exactamente el 28 de mayo de 1974, en una reunión con gremialistas del sector, pronunció una frase que hizo historia: "En 1945, todos los medios masivos de comunicación estaban contra nosotros y ganamos las elecciones. En 1955, todos estaban a favor nuestro, porque eran nuestros la mayor parte y nos echaron, y en 1972 estaban todos contra nosotros y les ganamos por el 60 por ciento. De manera que todo es relativo en esta vida"). Exacto: ni tanto ni tan poco.
Que el hashtag ("consigna", en Twitter, con la cual sus usuarios escriben sobre un tema determinado) #Sarloen678 haya trepado al cuarto lugar entre los más vistos en el Trend Topic mundial (los temas más mencionados en dicha red social) significa que la gente puede redireccionar la atención de los medios hacia temáticas menos frívolas si realmente se lo propone. De hecho, en el top five de notas más leídas en lanacion.com figuraron un par de días tres notas relacionadas con esa temática, incluso con mayor interés que el incontenible morbo o compasión que pudo haber despertado la triste noticia de la perdida del bebe de Juana Viale.
Y este simple dato nos obligó como periodistas a profundizar más en los significados de esa noticia. ¿Por qué tuvo esa tremenda repercusión? ¿Será porque es una excepción en la TV pública una confrontación con ideas alejadas de las del oficialismo? Cierto afán celebratorio que campeó por la gran performance de la autora de La audacia y el cálculo , ¿habrá tenido que ver con la disparidad de fuerzas (8 contra 1), que Sarlo, de todos modos, contrarrestó en soledad con su neta superioridad intelectual? Desde sectores afines al oficialismo se prefirió, en cambio, hacer hincapié en el debate, algo que también sería para celebrar si fuera más usual y las difamaciones, chicanas y tergiversaciones se dejaran definitivamente a un lado con aquellos que no comulgan con las ideas del Gobierno.
Como sea, lo que quedó demostrado es que la gente incide -y mucho- en los medios, a veces para bien (como fue crear un boom de interés y repercusión en torno de la visita de Sarlo a 6, 7, 8 ) y muchas veces para mal (cuando sostiene con su rating a personajes y modalidades del todo nefastos). A hacerse cargo entonces -todos-, que nada es por casualidad.
Por Pablo Sirvén
psirven@lanacion.com.ar
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