Marcelo Copello es un crítico peculiar, no sólo por la forma en que llegó al mundo vitivinícola, sino también por cómo lo experimenta.
El libro y el autor
Vino y algo más es el libro cuyo autor es Marcelo Copello ( @marcelocopello ), el experto en vinos carioca, que tuve el gusto de entrevistar poco tiempo atrás, y que me sorprendiera al encontrar en su página web con un espacio dedicado a la ética, en el que declara no recibir dinero de ninguna forma de la industria relacionada con la producción o comercialización del vino, lo que le asegura la credibilidad para opinar de vinos con total libertad y sirviéndose solamente de su leal saber y entender.
El libro fue editado en castellano en el 2005 en Mendoza, por la editorial Caviar Bleu, con el comentario en la contratapa de la querida Fanny Polimeni, que se suma en la solapa el de la responsable de la editorial Ane-Caroline Biancheri.
Este hombre, que fuera un brillante ejecutivo de la IBM de Brasil, se entrega al mundo del vino en 1995, y ya en 1998, aprovechando un viaje profesional a Italia, comienza a escribir. Sospecho que de las relaciones que hace del vino con un sin fin de temas, deben surgir sus charlas que logran entusiasmar a los brasileños, por naturaleza más volcados al consumo de cachaça y la cerveza, que otras bebidas alcohólicas, pero con un creciente interés por el vino.
Información y escritura
Marcelo se me ha presentado contradictorio. Por un lado es un escritor de pluma ligera, de frases cortas y viendo su web pareciera que no le gusta extenderse demasiado en sus reflexiones. Pero por el otro, esas reflexiones, suelen ser profundas, como que el libro exhibe al final una bibliografía impresionante.
Detalla que ha consultado alrededor de 100 textos de todo tipo y color para tomar prestados pensamientos y frases que calcen a la perfección con sus intenciones asociativas del vino con la música, las mujeres, las celebraciones, con la coreografía, con la humildad, con el arte, con la religión, el matrimonio, los afrodisíacos y otros temas que paso a comentarle.
Un capítulo aparte son los dibujos que ilustran sus páginas, hechos por Marcelo Marchese, que Copello le ha dado generosamente el lugar que se merece un co-autor, si bien creo que por su ingenio es un lugar que se ha sabido ganar ampliamente. Sus personajes se corresponden al buen humor que el autor quiere que impregnen sus páginas. Un humor que un par de veces me desconcertó, porque hay capítulos, como el que relaciona al vino con los perros, que al final aclara que todo lo que dice en realidad es fruto exclusivo de su imaginación.Esto motivó que en varios capítulos en que sospeché del exceso de imaginación que contenían sus comentarios, hizo que me apurara por ojear el final a ver si volvía a aparecer la aclaración de que todo era fruto de su afección por la chunga y el pitorreo, y no de información compartida.
Vino & mujeres
Aquí rinde homenaje a algunas de las mujeres vinculadas históricamente al vino. Rescata una frase de Lilly Bollinger, que fuera productora del champagne favorito de James Bond: "Bebo champagne cuando estoy alegre o cuando estoy triste. A veces bebo champagne cuando estoy sola. Cuando estoy acompañada lo considero obligatorio. Le doy un sorbo si no estoy con hambre y lo bebo si tengo. En caso contrario, nunca toco un champagne. A no ser que tenga sed".
Su homenaje se extiende, entre otras, a la Reina del Douro, doña Antonia Ferreira , que viviera entre 1811 y 1896, que quizás sería más justo recordarla como la Reina del Oporto, bebida que encuentra en nuestro país en el óptico Jorge Costa uno de sus mayores cultores.
Vino & Celebraciones
Aquí se detiene a hablarnos del origen del brindis. Marcelo parece que descubrió que los alemanes están detrás del asunto porque desde tiempos inmemoriales decían al chocar las copas "ich bring dir's" que significaría "brindo por ti". Estaba por anotar el dato en la ayuda memoria que uso en alguna de mis charlas sobre vino, y el autor, al seguir con su búsqueda, dice que también podría venir del nombre la ciudad italiana de Brindisi.
¿Y el toast del inglés? Para Marcelo es clarísimo: viene de la costumbre ancestral de colocar pan tostado dentro de las copas para mejorar el sabor del vino, que obligaba a llegar hasta el final para recibir el premio del pan embebido en el fermentado de uva.
Vino & Poesía
Parece que para volverse un poeta de la degustación, el autor sugiere que es necesario transformar la experiencia en memoria y estos recuerdos en expresión. No sé porqué esto de la poesía lo asocié al verso de nuestro lunfardo, que no está presente al escuchar atentamente cuando Andrés Rosberg se junta con Martín Pérez Cambet ( @WineJedi ) y Matías Bauzá, sus bocas se llenan de expresiones tales como "mermeladas azucaradas, viento Zonda de octubre, rocío en luna llena.", lo cual siempre me provoca una mezcla de admiración y sospecha, aunque siempre gana la primera de ellas, obviamente.
Vino & Coreografía
Este capítulo es cortísimo, pero arranca con una frase de Ambrose Bierce: "Un connaiseur es un especialista que sabe todo sobre alguna cosa y nada sobre cualquier cosa". Y luego juega un rato con los gestos y maniobras de algunos catadores con su copa en la mano tomada por su tallo, la danza de hacerla girar con gracia, acercar y alejar de la nariz el líquido, para mejorar la apreciación. Buena asociación.
Vino & Colecciones
Trae una confesión de parte de su fanatismo por coleccionar las etiquetas de los grandes vinos que va probando. Explica una técnica para desprender la etiqueta de la botella sin producirle daños irreparables, e historia el origen de la identificación del vino que resulta sumamente interesante.
Vinos & Humildad
Otro capítulo interesante que lleva a la reflexión. Marcelo refleja su concordancia con un pensamiento cuya autoría no aclara: "Degustar a ciegas es una lección de humildad". El dibujo que ilustra la nota es el de un experto con sus ojos vendados, que permite anticiparnos que se explayará sobre los gruesos errores que han cometido sabios catadores al escamotearle información y la visión de las etiquetas de los vinos.
Esto me recordó una anécdota que contó Dolores Lavaque en el programa de radio La Isla de los Sibaritas. Dolores con su consultora se ocupa de educar a no videntes para que usen su finísimo olfato, entre otras cosas, en la apreciación del vino. Y su historia fue que un día tomaron un mismo vino blanco, lo colorearon con un colorante que usan en repostería y que es totalmente insípido. La botella del blanco estaba fría y la del "tinto" a temperatura ambiente.
En la mesa se sentaron videntes y no videntes. Los videntes al tomar el "tinto" sintieron los frutos rojos en su paladar, las mermeladas de estilo, y agregaron otras paparruchadas sobre peras en almíbar, que justificaran su presencia en la mesa. Uno de los dos ciegos le dijo al otro en voz baja: "ché, a mí me pusieron el mismo vino en las dos copas.", y el otro concordó con él de inmediato. Mi conclusión es que vino y humildad es un matrimonio muy difícil, casi imposible.
Conclusión
Es un libro que va a sorprender hasta a los supuestamente muy informados en el tema apasionante del vino, repleto de datos curiosos, y con capítulos como el de Vino & erotismo, donde lo mejor es leerlo con más detenimiento. A mí me gustó por su ingenio y por la amenidad con que transcurren sus páginas. Un hallazgo.
Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar
Especial para ConexiónBrando