Hace 12 meses -después de un largo, caótico y costoso proceso de restauración- reabrió sus puertas el Teatro Colón. Con una noche de fiesta, que incluyó un espectáculo en su fachada, se produjo un punto de bisagra en la historia del Primer Coliseo. Superado ese período de necesaria restauración edilicia y renovación tecnológica que comenzó en la gestión de Aníbal Ibarra, proceso que todavía no concluyó, comenzó otro marcado por una fuerte puja entre la dirección de la sala, a cargo de Pedro Pablo García Caffi, y un sector de trabajadores de la sala agrupado en ATE. En diciembre del año pasado, ese grupo se declaró en huelga. La medida de fuerza fue suspendida a principio del mes pasado, cuando se abrió un mesa de negociación. Por más que la actividad en la sala haya retomadosu rutina de trabajos, varios conflictos siguen abiertos. El viernes, la Secretaría de Recursos Humanos del gobierno porteño anunció el lanzamiento de la carrera profesional para los empleados del Colón. Según dice la información oficial, la medida permitirá "organizar adecuadamente cuestiones, tales como la calidad de trabajo, la política salarial, la prestación de servicios y la jerarquización profesional".
Según sostienen los trabajadores en conflicto, ellos no fueron convocados al acuerdo. Es más, sacan a relucir un acta firmada por el juez Hugo Zuleta, el 10 de este mes, que, entre otros puntos, señala que como no está nombrado el director que representa a los trabajadores es "imposible [...] que el directorio diagrame y proponga la carrera que debería tratarse en paritarias". Por su parte, el gobierno continúa con la millonaria demanda económica contra ocho trabajadores y el director del Colón no tomó una postura definitiva sobre los sumarios iniciados a varios empleados. Por tal motivo, hoy habrá un nuevo acto de protesta.
Y mientras se apagan los voces de La flauta mágica , la puesta Sergio Renán, el Teatro Colón se ha convertido en tema de campaña electoral entre las fuerzas que intentan definir su rumbo para los próximos cuatro años.