Babasónicos, en Quilmes Rock. La banda volvió a tocar en Buenos Aires tras dos años.
El telón cubre el escenario de punta a punta. Hay ansiedad y expectativa flotando en el ambiente. También se escuchan grititos agudos de histeria adolescente: los Babasónicos vuelven a tocar en Buenos Aires después de dos años de ausencia. Entonces, envuelto en una fosforescencia celeste, comienzan a sonar el teclado y las programaciones de Diego Tuñón, mientras la voz sampleada de Dargelos repite el título de Fiesta popular . Finalmente, el telón cae. Y la banda a pleno arremete con el tema incluido en su recién salido álbum A propósito .
Así de teatral, cuidada y efectiva fue la puesta. De festejo por sus dos décadas de carrera, manejan los tiempos y los hilos del show y explotan al máximo todos los detalles, con la pericia de un director curtido: desde un potente juego de luces hasta la iconografía autorreferencial que copa la pantalla gigante, que va del cactus de Jessico a sus discos más recientes. La “fiesta popular” que desata el universo paralelo de los personajes e historias de sus temas, queda signada en el inicio por el desfile de Así se habla, Pijamas , un mash-up entre Y qué y Egocripta y la más reciente Flora y fauno .
En la noche festivalera del sábado, el escenario principal también le dio cabida a la energía vital de Las Pelotas. Después del rock de dientes apretados de Orugas, Saben y Basta , Germán Daffunchio dedicó Ya no estás a la memoria de Alejandro Sokol. Los ritmos jamaiquinos también contaron con exponentes notables, como Los Cafres y los puertorriqueños Cultura Profética.
A cargo del cierre, entonces, lo de Babasónicos fue contundencia pura a la hora de sintetizar riffs potentes y melodías radiables. El repertorio del grupo diseñó un subibaja musical/emocional bien propio. Un ejemplo: después de elevarse con el metal caliente de Demonomanía , acto seguido se posaban sobre la suavidad aterciopelada de un bolerazo como El loco . La seducción de las baladas ( Putita, la nueva Deshoras, Los calientes, Yegua ) y el éxtasis provocado por sus piezas de artillería ( Soy rock, Sin mi diablo, Estoy rabioso y Sátiro ) marcaron el equilibrio del recital, en ese juego entre pop y rock, deseo y goce que tiene el sello de Babasónicos.