El despecho es un sentimiento que no conoce edad, ni género, ni clase social, y sin embargo, a pesar de toda su universalidad, en la práctica, la mayoría de las víctimas suelen ser mujeres.
Quizás sea porque a nosotras nos gusta hablar y a ellos no, quizás seamos más rencorosas, no se sabe. Los motivos son inciertos, sólo quedan los ejemplos, furiosos, abundantes. Madres que le hablan mal del padre a los chicos, ex novias despechadas que le dejan mensajes a la novia nueva, enamoradas negadoras que van a una bruja del barrio para "cortarle" no puedan ser felices sin ellas, amigas insoportables que hablan durante meses sobre la misma ruptura. Ellos, los hombres, se enojan y son capaces de hacer cosas terribles por un amor no correspondido, pero es raro que pasen diez años hablándole mal de su ex mujer. La mayoría (palabra clave: mayoría) se pone en pareja con otra o la borra de su vida, como si nunca hubiera existido, como si nunca hubiera pasado nada entre los dos.
Con el boom de las redes sociales, el despecho se "virtualizó". Lo que antes se hacía artesanalmente, de boca en boca, ahora se puede lograr en cuestión de minutos. Hay páginas en Facebook dedicadas a difamar a un ex marido es un cagador o a un filito tiene el miembro chico, y usuarios en twitter creados sólo para divulgar que tal usuario tiene un miembro chico o una esposa escondida que nadie conoce. También hay páginas con bases de datos sobre hombres irresponsables, mentirosos, bígamos, o malos en la cama. La idea es que si ellos nos estafaron emocionalmente (prometieron, aunque sea de forma implícita, amor para toda la vida, fidelidad o gran sexo y no cumplieron) encontremos una forma para arruinarles el futuro con otra ilusa como nosotros.
Para quienes lo ven de afuera, este ejercicio patético de rencor más que divertido es agotador. Hay que tener mucha paciencia para aguantar a una amiga obsesionada con hacerle la vida miserable a un ex marido que ya la olvidó. Dicen que la mejor venganza es ser feliz, pero para ellas es mentira. Lo único que las llena de alegría es ver al otro caer en desgracia, es sentir que escarmentó. Todas sufren y pierden tiempo, pero no lo saben. Solo las salva, de vez en cuando, ser creativas con su rencor y si pueden, hacerlo plata, hacerlo arte, o hacerlo sanación. A ese fenómeno de capitalización del rencor, yo lo llamo "despecho creativo".
Hace un par de semanas, fue un pasacalles vengativo. Una mujer despechada, llamada Verónica, le puso un cartel en la puerta de su casa a su ex mejor amiga diciendo si le había gustado (con otras palabras menos aptas para un diario) acostarse con su ex marido. Debajo de su nombre, Verónica puso un corazoncito. No estaba furiosa, estaba disfrutando. ¿Te gustó acostarte con mi ex marido, Eliana Dora D.? Verónica y el corazoncito, en colorado rencoroso. Otros ejemplos son La Loca de mierda, un personaje de Malena Pichot, comediante se hizo famosa parodiando las contradicciones de su propio despecho en youtube, la cantante Adele, que sostiene el número 1 en todos los rankings con un disco completamente inspirado en un ex novio dañino, o la cineasta Kathryn Bigelow, que le ganó el Oscar a su ex marido, el favorito en esa entrega, luego de que él la engañara y la dejara por una actriz de medio pelo. Los hombres dicen que la mayor venganza es ser feliz. Por suerte para nosotras, que disfrutamos tanto del despecho creativo, a veces no es cierto.