Una brújula para orientarse en el colorido laberinto de ArteBA
Desde obras de Berni hasta cáscaras de huevo o la obra de un tucumano que llega vía Alemania: en la feria de arte conviven trabajos para todos los gustos. Aquí, un recorrido por algunos de los sitios en los que vale la pena detenerse.
Las ferias de arte contemporáneo ya no se parecen en nada a las ferias de arte, esas que mostraban pintura y escultura. Por el contrario cada vez se parecen más a una feria, a secas. Esas donde la gente se mueven al ritmo de las emociones fuertes . Por eso, a la hora de subirse a la montaña rusa mejor tomar precauciones.
Es lógico pensar que las galerías tradicionales ofrecerán clásicos, en el mejor caso alternados con clásicos del mañana. La casa Castagnino Roldán, por ejemplo, expone espléndidos “Bernis” junto a espléndidas esculturas de Nora Correa: un trajecito de plumas de pavo real –reales– anémonas de resina adentro de una pecera hacen las delicias de todos. Lo mismo que el hombre de resina, de Pablo Suárez, sudando la gota gorda.
Quienes más “Bernis” tienen son los uruguayos de Sur. Laura Haber es otra galería que da cátedra, con un tributo a Roberto Aisemberg y Libero Badii. Lo mismo que Angel Guido Art Project, con una colección dedicada al arte generativo. Las obras geométricas se moverán ante nuestros ojos mientras las chicas de la galería nos pasarán el manifiesto de este movimiento encabezado por Eduardo Mac-Entyre.
Quienes ya se están aburriendo con tanta cosa del pasado, deberán ir derecho a lo de Alberto Sendrós. Allí encontrarán un espacio cuasi museológico donde esculturas efímeras como la cáscara de un huevo –literal– conviven con una abeja nadando en una taza de té llena de leche, pinturas terminadas a machetazos y un oso hormiguero de origami que se engulle un murciélago rea l de un lengüetazo.
A medio camino entre lo clásico y lo moderno está Cosmocosa, con la foto de un meteorito partido al medio. La foto viene acompañada por un libraco que cuenta la historia de este pedazo de estrella caído en el Chaco y dividido en dos para ser estudiado en Estados Unidos y Alemania. Triste destino el de este Tupac Amaru cósmico devenido en personaje de novela científica por obra de los artistas Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg.
Hasta acá lo previsible, pero para el público exquisito que busca el arte híper conceptual, la feria ofrece el espacio U-Turn, donde diez galerías internacionales traen al país sus proyectos experimentales. Algunos intendibles, al borde de lo antipático, y otros más atractivos, como la instalación lumínica de Karina Peisajovich en Vasari. Una oportunidad para que el público que no tiene acceso a las bienales internacionales se anoticie de cómo viene la cosa. Vale señalar las esculturas flotantes del Tomás Saraceno, el joven tucumano que hace años triunfa en el exterior y recién ahora, de la mano de una galería alemana, muestra sus estructuras en Buenos Aires.
Cerca de allí se encontrará un paisaje rural de Aselmo Piccoli. La obra de Picolli, de 1959, es en realidad parte de la obra de Santiago Villanueva, que decidió comprar esta obra maestra y donarla al museo de Azul, su ciudad natal. Técnicamente, una “acción”. Una acción benéfica. Entonces, en visitante podrá respirar tranquilo. No todo esta perdido.