Lejos de amainar, muy lejos de amainar, el vendaval en el que Cristina Kirchner y Hugo Moyano están inmersos desde hace semanas suma capítulos, intensidad y, sobre todo, incertidumbre.
Habían pasado menos de dos horas desde la confirmación de tres procesamientos en la causa que vincula a la obra social de los camioneros con la llamada mafia de los medicamentos cuando Cristina Kirchner volvió a aparecer en público. Fue su regreso a los micrófonos tras la durísima amenaza de José C. Paz, uno de esos discursos que quedará en cualquier síntesis que en el futuro se haga de sus años en el poder.
"La trazabilidad de los medicamentos es para los medicamentos oncológicos, para los hemofílicos y para los enfermos de HIV, que son los medicamentos más caros y donde se ha producido falsificación, adulteración y también robos", dijo la jefa del Estado en cadena nacional. No mencionó la mafia de los medicamentos. Tampoco aludió a las obras sociales sindicales. Menos a Moyano. Para el auditorio, en el que no había un solo gremialista, no hizo falta.
En Azopardo, el jefe de la CGT recibía las pésimas novedades en simultáneo. El fallo de la Cámara no sólo confirmaba el procesamiento de Daniel Lombardero, auditor médico de la obra social de Camioneros, entre otros dos imputados. También ordenaba avanzar con el análisis de otros casos por los que la obra social está acusada de fraude en el cobro de reintegros. El expediente que tiene a su cargo Claudio Bonadío podría registrar novedades en los próximos.
El plan oficial para controlar el circuito de los remedios desde su fabricación hasta la llegada a manos del paciente derrumba uno de los pilares del poder más palpable de los sindicatos: el de comprar remedios (decidir cómo y a quién) y tramitar los reintegros, una de las claves del crecimiento de las obras sociales de los gremios en los últimos años.
El silencio de Moyano, (que sólo quebró Julio Piumato con sus tuits incendiarios) duró poco. Exactamente un día después de la cadena nacional el líder camionero eligió un ámbito académico para hacer su descargo. Fue tan elíptico como contundente. Su mensaje tuvo una sola destinataria posible. "Algunos creen que soy candidato a ir a la cárcel", soltó como al pasar. Cuando le repreguntaron se rió, como para desacreditar lo que acababa de decir. Era tarde.
El temor de Moyano a que avancen las causas que lo tienen en la mira (la mafia de los remedios, el expediente suizo por presunto lavado de dinero y la supuesta administración infiel por contratar empresas de su familia) existe. Y le pesa. Lo demostró cuando en pocas horas puso al país al borde de un paro general por un pedido de informes llegado desde Ginebra. Volvió a demostrarlo con el "chiste" sobre su postulación para pasar una temporada tras las rejas.
Hecho el repaso de estocadas, arrecian las preguntas. ¿Es real el riesgo de que el tironeo se vuelva ruptura sin retorno? ¿Puede Cristina Kirchner enfrentar una campaña electoral con Moyano en la trinchera enemiga? ¿Hasta dónde puede llevar la Presidenta la combinación de amenazas discursivas y movidas que minan el poder del líder camionero?
Los interrogantes se multiplican y cruzan los tribunales con la política. ¿Existe la posibilidad de que Moyano vaya preso? ¿Dejaría el Gobierno que alguna de las investigaciones que lo complican llegue a ese punto? Si el avance de un exhorto de la justicia suiza lo llevó a amenazar con la primera huelga general de la era kirchnerista, ¿cómo podría reaccionar Moyano a su propia detención?
Moyano presiona por lugares en las listas. Lo dijo con todas las letras en el acto por el Día del Trabajador flanqueado por casi todo el gabinete. Lo recordó esta semana Piumato cuando se quejó porque, según su lectura, en la Argentina hace política cualquiera (hasta los vagos, dijo), menos los sindicalistas.
La vocación de poder de los sindicatos no es novedad. Sí podría serlo el que detrás de la presión de Moyano por las plazas de octubre hubiera un pedido para él mismo. Una banca en la Cámara de Diputados le daría fueros (y tranquilidad) frente a la amenaza que hoy más lo desvela.
Por Lucrecia Bullrich
De la Redacción de lanacion.com