Tres buenos títulos. La película muda El artista, el polémico filme austríaco Michael y lo nuevo de los Dardenne.
Ya era hora. Por fin mejoró la competencia oficial, con tres títulos que motivan, abren polémica y levantan la confianza cuando el Festival se aproxima lentamente a su mitad.
Ver un filme silente, en blanco y negro, con el formato de pantalla de aquellas películas de los años ’20, con intertítulos, rodado en Hollywood por un francés, es una rareza.
El artista , de Michel Hazanavicius, transcurre entre 1927 y 1931, cuando el salto al sonoro acabó con la carrera de varias estrellas de Hollywood, como George Valentin (Jean Dujardin). Gloria y caída de uno, y ascenso de una starlet (Bérénice Bejo, ver Información ) que se conocen a la salida de un estreno, simpático, el filme invita al juego de “sentirse” como en una sala de hace 80 años. La película guiña el ojo al espectador, que pasa un rato muy agradable.
No la pasan tan bien los protagonistas de otras dos películas que compiten, la austríaca Michael , de Markus Schleinzer, y la belga Le gamin au vélo ( El chico de la bicicleta ), de los hermanos Dardenne. La primera sorprende y tensiona a medida que corre su metraje. Un hombre tiene encerrado en su sótano a un niño, a quien sólo permite subir y sentarse a la mesa para cenar, o llevarlo en algún paseo.
Apadrinado por Michael Haneke, Schleinzer no se anda con medias tintas. Sabe cómo desconcertar al público, plantea una pedofilia más sugerida que explícita y un drama con muchas preguntas (¿qué relación tiene Michael con el niño?, ¿por qué éste no escapa?), que atrapa y no suelta al espectador hasta su revelador final.
Michael Fuith logra que sintamos repulsión y extrañamiento hacia su personaje, índice de que estamos ante una gran interpretación. Polémica, de lo mejor hasta ahora que se vio en la Sala Lumiere.
Y sin ser precisamente lo mejor de su carrera, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne garantizan un producto a la altura de las circunstancias en El chico de la bicicleta . Con planos “a lo Dardenne” –seguimiento casi documental del niño protagonista, la tozudez del mismo y la necesidad de afecto ante un universo que parece planteársele en su contra-, la historia de Cyril (Thomas Doret) es la de un niño abandonado por su padre (Jérémie Renier, de El niño ), quien lo interna en un hospicio. Por casualidad, conoce a una peluquera (Cécile De France) que se hace cargo de él los fines de semana. La ira del pequeño tendrá una explosión cuando un joven lo ingresa en el delito.
Sin cuestionamientos morales, es otra muestra de cine de autor, con personajes con emociones a flor de piel y reacciones inesperadas, compartidas o rechazadas desde la platea, pero siempre con la mirada atenta a un personaje perdedor, solitario, como suelen ser los antihéroes dardennianos.
Y aunque usted no lo crea, hay una película israelí en Cannes que no trata sobre ningún conflicto armado. Se titula Footsteps , lo dirigió Joseph Cedar y se centra en la mala relación entre un padre y su hijo, ambos investigadores. Al último lo eligen acreedor del Premio de Israel, pero por equivocación le avisan al padre que el que lo ganó fue él. Con una música incidental de comedia realmente espantosa, la película es de un tono muy menor y no justificaba su inclusión en la competencia.