Más de 90 empleados estarán en Sudáfrica en el Mundial; largas estadías en Oceanía y otros desajustes
Hay varios empleados de Aerolíneas Argentinas que no necesitarán el decodificador digital del Gobierno para ver el Mundial. La empresa dice que no son muchos, pero la cifra que ha sonado en reuniones dentro del área de coordinación es escalofriante: se busca alojamiento para 92 personas en Sudáfrica. Un nutrido grupo de pilotos y azafatas, más cuatro técnicos, podrían coincidir en varias canchas en los días comprendidos entre los 19 vuelos que pondrá la línea en esa ruta durante el mes próximo.
El certamen promete exponer unos cuantos desórdenes internos de la empresa recuperada por Néstor Kirchner. Por ejemplo, que algunos de los vuelos vendidos no logran aún llegar al 50% de ocupación porque muchos pasajes no llevan incluida la entrada a los estadios, algo reservado sólo a las agencias de buena relación con la FIFA. O que la tensión con los sindicatos ha llegado a tanto que no hay suficientes pilotos para conducir los Boeing 747-400 que se emplearán en ese trayecto. "Pilotos hay -se anticipan en la línea aérea-. Si ellos no quieren volar, es otra cosa."
Sudáfrica 2010 será una buena oportunidad para entender muchas de las extravagancias de una empresa que gasta, cada 60 minutos, 175.000 pesos de subsidios del Estado, según el informe de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP) para el primer trimestre del año. Aerolíneas fue, en 2009, la única compañía aérea de la región que registró pérdidas. "Inversiones", suele corregir el ministro de Planificación, Julio De Vido. La tesis es compartida por los gerentes que responden al presidente de la estatal, Mariano Recalde: se trata, dicen, de una empresa devastada por su dueño anterior y son necesarios desembolsos en rutas, combustible y aviones.
Algunos de estos desajustes permiten explicar por qué no existe ningún empresario aeronáutico que considere a la empresa un negocio atractivo: entre 1991 y 2010, con gestiones privadas o estatales, Aerolíneas Argentinas perdió, según sus propios balances, más de 6000 millones de dólares. Lo que vale una empresa aérea completa como Lufthansa.
En una industria que va en el mundo hacia la progresiva reducción de costos, Aerolíneas tiene gastos por todos lados. Harán falta muchas ganas de cambiar las cosas para conseguir que, por ejemplo, las tripulaciones que van a Oceanía equiparen sus días de descanso con los de otras empresas latinoamericanas, como las de Brasil o Chile. Según una interpretación que hace la compañía de las normas de la Dirección de Habilitaciones Aeronáuticas, las tripulaciones de Aerolíneas requieren 60 horas de franco una vez cubierta esa ruta. Sin embargo, en los hechos, una vez en Sydney o en Auckland, como no se registran vuelos diarios, un piloto puede llegar a permanecer hasta 12 días en tierra de maoríes o canguros.
Se trata, en realidad, de una vieja discusión entre los pilotos y la empresa sobre