Mario Ledesma cumple hoy 37 años. El sábado jugó casi 100 minutos del partidazo que su equipo, el Clermont, le ganó en tiempo suplementario al Toulon de Felipe Contepomi y Juan Fernández Lobbe. Venía de una lesión en su rodilla izquierda que lo mantuvo tres semanas inactivo. El sábado 29 disputará su cuarta final consecutiva del Top 14 francés, y está listo para afrontar el año que viene su cuarto Mundial con la camiseta de Los Pumas. Más que nunca el apodo que le estampó la prensa: Súper Mario.
No cualquier forward se mantiene tanto tiempo en el más alto nivel rugbístico. Ledesma dejó su Curupaytí en 2001 para viajar a Francia, donde primero se instaló en el Narbonne. En 2004 partió rumbo a Castres, y desde 2006 está instalado en Montferrand, la ciudad que cobija al Clermont, donde fue emblema de este equipo que tratará, de nuevo ante el Perpignan, de quebrar una racha histórica sin títulos en el campeonato francés. ¿Será la cuarta la vencida? "Es hora", grafica el emblemático hooker argentino.
Aún pesan esas finales perdidas en 2007 (ante el Stade Francais de Agustín Pichot, Juan Hernández y Rodrigo Roncero), en 2008 (frente al Toulouse de Patricio Albacete) y en 2009 (con el Perpignan de Rimas Alvarez). De todos modos, Ledesma ya luce un título con el Clermont. Fue la Europa Challenge, en 2007, tras vencer en la final al Bath inglés por 22-16.
"Bocha", como lo conocen todos en el rugby argentino, es uno de los abanderados de la generación que alcanzó el bronce en el Mundial 2007. En los 73 test que lleva con la camiseta celeste y blanca ganó casi tanto (37) como perdió (34). Sufrió las épocas de goleadas (estuvo en la cancha el día del 8-93 ante los All Blacks, en 1997) y gozó de los triunfos más impactantes de los últimos años. Fue el lugarteniente de su gran amigo Pichot en las luchas afuera de la cancha, como uno de los líderes de un equipo que de tanto andar, ahora está en las puertas de un IV Naciones.
"Ya le dije a Agustín que al IV Naciones de 2012 no llego ni en micro", contó ayer, con su habitual chispa, en un reportaje radial que le efectuaron en ESPN Report. Pero sí le pone todas sus fichas a intentar, en Nueva Zelanda 2011, repetir la proeza de Francia 2007. Será el más veterano. Y seguirá siendo el más lúcido.
Clave dentro de un grupo por su personalidad y por su humor, Ledesma es, sin dudas, el mejor talonneur que jugó en Francia en los últimos años. En el Clermont, al lado de Martín Scelzo, su compañero de la mítica primera línea Puma junto a Roncero. Más allá de no ser un especialista en lanzar la pelota en el line, el 2 argentino es de esos forwards que se reproducen dentro de la cancha. Conocedor profundo del juego, siempre está donde la acción lo pide, y es muy difícil verle un pase errático. Seguramente, herencia de sus tiempos juveniles de tercera línea.
Viene de una familia de rugbiers que pasó por varios clubes del rugby argentino. Lo fue su padre y lo es su hermano Pedro, también Puma, pilar del Stade Francais y frustrado por una serie de lesiones importantes. Representó a los Pumitas y su debut en el seleccionado mayor se produjo en el Panamericano de 1996. Más precisamente el 18 de agosto, en el triunfo ante Uruguay por 54-20, en la ciudad canadiense de Hamilton, formando los tres de adelante junto al mendocino Roberto Grau y el tucumano Omar Hasan.
Sus comienzos en Los Pumas sufrieron de algunos contratiempos. En ese mismo 1996, en la gira de noviembre por Inglaterra, tuvo el nada confortable récord de ser el primer argentino en recibir una tarjeta roja. Y otra indisciplina, esa vez jugando para Curupaytí, casi lo deja, junto a Pedro Sporleder, afuera del Mundial de 1999. Un vericueto que encontró la dirigencia de la URBA le permitió viajar a Gales. Había quedado como hooker titular ante la lesión de Federico Méndez.
En ese Mundial, en el que jugó todos los partidos, la rompió. Tackleó como un tercera línea en aquel infantante final con los irlandeses, en el partido que valió el pasaje a los cuartos de final. Y se comió crudos a todos los hookers, incluso al gran irlandés Keith Wood.
El Mundial de Australia, en 2003, significó, como para todos los que venían de protagonizar aquel impacto cuatro años antes, una decepción. No pudo rendir como esperaba sobre todo él. Pero formó parte del grupo que se prometió a si mismo dar vuelta la historia.
Frontal en cada declaración, poco amigo de los formalismos ("suelo no coincidir con los análisis de los periodistas", dijo alguna vez), durísimo adentro de la cancha y afuera (preguntarle al irlandés Ronan O'Gara), jugador que todos quieren tener en un equipo, Mario Ledesma tiene cuerda de sobra a los 37 años. Y va por más en la leyenda que construyó. Bien elegido entonces el apodo de Súper Mario.