Germán Samper es como el Mario Roberto Alvarez de Colombia. Tal vez lo recuerden de Guías de Arquitectura Latinoamericana: fue quien nos llevó a recorrer la ciudad de Bogotá. Samper, de joven, trabajó en Francia con Le Corbusier.
Me contó que cuando estaba preparando unas vacaciones culturales para visitar obras emblemáticas, Le Corbusier le recomendó que no llevara máquina de sacar fotos ... "¡Que dibuje!" Son bien conocidos los dibujos de viaje llenos de anotaciones de Mario Roberto Alvarez o de Alberto Bellucci. A mí, en la facultad, Jorge Gazzaneo me enseñó que había que tener un libro de Bitácora. Y cuando empecé a trabajar en un estudio, Carlos Herrera, que era el proyectista y dibujaba como los dioses, me regaló un precioso Caran d'Ache y me hizo dibujar perspectivas de todo lo que estaba al alcance de mi vista. Cuando uno dibuja, nunca más se olvida de la forma que recorrió. Es una de las mejores maneras de entender una obra, de aprenderla, de percibir su clima. También es el mejor instrumento para clarificar y representar la idea que tenemos en la cabeza. "Prefiero dibujar a hablar. Dibujar es más rápido, y deja menos espacio para la mentira", decía Le Corbusier.
En la última reunión de la CLEFA en Buenos Aires, Iván Cartes y Jorge Tamés y Batta (ambos decanos de las facultades de Bio-Bio, Chile y de la UNAM de México respectivamente y excelentes dibujantes) sacaron de sus bolsillos la legendaria Moleskine para mostrarme dibujos que graficaban los conceptos o situaciones de las que me habían hablado. Ahí cayó la ficha y nació Bocetos ARQ, la libreta de dibujo y anotaciones que regalamos en esta edición para empezar el Mes ARQ en el marco del Bicentenario. Un mes que vendrá con ediciones especiales y una nuevo tomo de Archivo Clarín Arquitectura Siglo XXI con la primera entrega de regalo.