El pecado es el verdadero enemigo y contagia a miembros de la Iglesia
El Papa aludió así a los escándalos por abusos sexuales en los que están involucrados curas católicos. Benedicto XVI habló ante unos 200 mil fieles que se congregaron en la Plaza de San Pedro para brindarle su apoyo.
Con un enfoque acertado, el Papa rechazó las teorías de la conspiración contra la Iglesia que florecen en algunos sectores del Vaticano y de la periferia católica, y dijo esta mañana ante 200 mil fieles, que se congregaron en la plaza de San Pedro en una jornada de solidaridad con Benedicto XVI, que "el verdadero enemigo a combatir es el pecado, el mal espiritual que a veces contagia también a los miembros de la Iglesia". Aludió así a los escándalos por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes pedófilos que han producido una crisis sin precedentes que desprestigia a la Iglesia Católica de 1.150 millones de bautizados.
"Juntos con el Papa" decía un inmenso cartel colocado adelante de las columnas de San Pedro frente a la ventana del estudio pontificio donde, como todos los domingos al mediodía, se asomó el pontífice.
Mientras el Papa triunfaba esta semana en su gira apostólica en Portugal, con misas campales que congregaron a cientos de miles de personas, los movimientos católicos culminaron una movilización dispuesta hace tres semanas en toda Italia para reunirse con el Papa en el Vaticano en un abierto gesto de apoyo, solidaridad y afecto.
Familias, fieles de las parroquias que llegaron en trenes y pullmans desde todas las diócesis, aclamaron al pontífice. Estaban y se identificaban con sus cartelones los principales movimientos laicos, como Comunión y Liberación, los "Focolarini" de Chiara Lubish, la Comunidad de San Egidio y los grupos católicos de la Coldiretti, los productores agrícolas. También los militantes de la ACLI, la Asociación de Trabajadores Cristianos.
Tras recitar el "Regina Coeli", la oración que sustituye el tradicional "Angelus" hasta Pentecostés, visiblemente emocionado y feliz, el Papa alemán agradeció a los fieles "por esta bella y espontánea manifestación de fe y solidaridad".
"El verdadero enemigo a temer y combatir es el pecado, el mal espiritual que, a veces, lamentablemente, contagia también a los miembros de la Iglesia", dijo Benedicto XVI. "Nosotros vivimos en el mundo pero no somos del mundo. Nosotros cristianos no tenemos miedo del mundo, aunque debemos cuidarnos de sus seducciones. Debemos en cambio temer el pecado y por esto radicarnos fuertemente en Dios, solidarios en el bien, en el amor y en el servicio".
"Es lo que ustedes tratan habitualmente de hacer en vuestras parroquias, en el asociacionismo y en los movimientos: servir a Dios y al hombre en el nombre de Cristo. Sigamos con confianza este camino y las pruebas que el Señor permite nos estimulen a una mayor radicalidad y coherencia", señaló el Papa.
Benedicto XVI elogió a los sacerdotes "que cotidianamente se hacen cargo de ustedes", dijo a los fieles, "porque en el compromiso de la renovación espiritual y moral podemos siempre servir mejor a la Iglesia, al Pueblo de Dios y a cuantos se dirigen a nosotros con confianza".
Desde Asís, donde miles de fieles caminaron en la marcha de la Paz de todos los años, organizada por los grupos católicos progresistas, los frailes de la basílica de San Francisco colgaron un gran cartel de cinco metros que decía: "de San Francisco en Asís a plaza San Pedro en Roma, una única voz de apoyo a la misión del Papa: Santidad cuente con nosotros para su misión de paz y de bien". La multitud saludó repetidamente con aplausos el gran letrero en tela que colgaba de la plaza principal.
La plaza San Pedro estaba repleta hoy al mediodía (las 7 de la mañana en la Argentina) como en las grandes ocasiones y desbordaba por la vía de la Conciliación hasta el río Tíber y las calles adyacentes. El presidente de la Conferencia Episcopal Italia, cardenal Angelo Bagnasco, encabezó una oración colectiva por la mañana.
El purpurado dijo frases significativas respecto a la crisis que vive la Iglesia recordando a las víctimas de los casos de abusos sexuales. "Señor, mediante el ministerio de los sacerdotes dona ellos el ser perseverantes en el servicio y escucha el grito de aquellos que sufren el dolor para que encuentren justicia y consuelo, para que ellos participen de la vida de la Iglesia, purificada en la penitencia".
El cardenal Bagnasco pidió en su oración que la Iglesia "fiel a su misión", sea "lugar de justicia y de consuelo para los creyentes".