En su primera década con nombre propio, Pablo Ramírez honró a los grandes maestros
El lunes último, Pablo Ramírez celebró su décimo aniversario con un desfile difícil de olvidar, como los que marcaron cada paso de su carrera, en una versión de lujo y teatralidad bien a tono con la atmósfera señorial del salón Versailles del hotel Alvear.
En la celebración de sus diez años tras la figura perfecta, el anfitrión eligió homenajear a los grandes maestros, pero a partir del famoso vestido negro. Dior, Balenciaga, Givenchy... sus musas, divas de Hollywood, de pelo recogido y ojos bien delineados. Mujeres que no muestran, sino sugieren, para diseños que recrean sus figurines.
La sala estuvo llena, con una primera fila colmada de expectativas. Hubo varios diseñadores, entre ellos, Adriana Costantini, para quien trabajó Ramírez durante varios años; Jessica Trosman; Graciela Zito y, entre los celebrities, Catherine Fulop, con uno de esos vestidos atemporales del diseñador y guantes; Carla Peterson, acompañada de Mike Amigorena; Erica Rivas; Leonora Balcarce y Florencia de la V, siempre tras los creativos más renombrados.
Para esta colección 10 Años Ramírez presentó tres siluetas, que marcaron la femenidad de maneras diferentes aunque con un común denominador: el acento puesto en cuellos importantes, bien pegados al cuerpo y rematados con lazos o abotonaduras, o bote alto y armado. Mangas ligeramente englobadas y pinzas que recortan el corsage para un busto más geométrico y también en la espalda, generando volúmenes estratégicos. Y su habitual largo por debajo de la rodilla.
Tres modelos
La figura más fuerte en pasarela, por su dramatismo, fue de estilo New Dior, de cintura bien entallada, a veces rematada con cinto y moño, de faldas a todo volumen elevadas por capas de tul bordado, género que en otros casos tuvo protagonismo propio. Se vieron con tablones invertidos, en versiones de larga abotonadura en géneros estructurados con hilos de plata o en géneros satinados.
Adherente al cuerpo como nunca, Ramírez mostró una figura inusualmente sexy, pero claro que a su manera. Un modelo que recorre las líneas del cuerpo, desde el cuello hasta los pies, en jersey de seda, algunos acompañados por capas que salen desde los hombros. O incluso, una capa que forma parte del vestido, que se sujeta como una pechera. En su tercer tercer estilo abandona la cintura marcada para llevar el talle a la cadera. La mujer se libera para llevar diferentes construcciones de tablas que se conectan.
El hombre Ramírez también festejó la colección, con trajes entallados con pantalones más bien cortos. Brillante la confección que pudo verse a centímetros de la primera fila. Una constante que distinguió a Pablo Ramírez desde sus inicios y ahora se reafirma en su madurez. Como siempre, impecable.