El presidente de Novartis y de la cámara de laboratorios extranjeros se refirió al control de precios que aplica el secretario de Comercio Interior y calificó de aceptable la ley de patentes
El británico Jim Harold exuda diplomacia en cada respuesta. En su carácter de presidente del laboratorio suizo Novartis y de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), entidad que agrupa a las farmacéuticas extranjeras y que en julio cumplirá 85 años, defendió a su sector de las principales acusaciones de las que es blanco, destacó que el sector está en un buen momento y señaló que, aunque preferiría más flexibilidad, mantiene una buena relación con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y su control de precios.
-¿Cómo se llevan con el control de precios?
-La industria tiene una canasta de 600 productos, sobre los que cualquier paciente puede obtener un 30% de descuento. Luego, como cualquier industria, tenemos nuestras conversaciones con la oficina del señor Moreno y llegamos a los acuerdos como cualquier otro sector. Pero hemos sido responsables en nuestra política de precios. Además, solo un reducido grupo de productos tiene alto impacto en la inflación, por eso no vemos que el tema precios sea controversial.
-¿Cómo se lleva con Moreno?
-Siempre sería bueno tener más flexibilidad, pero la relación que tenemos con Moreno es de diálogo.
-¿Cómo están con la ley de patentes?
-Todavía no hay una gran cantidad de productos patentados, pero se ha ido mejorando año a año desde 2005. Lo que vimos es que en el Impi [Instituto Nacional de la Propiedad Industrial] hicieron un trabajo duro para mejorar y hasta 2007 hubo avances en el nivel de productividad. Durante esos dos años el tiempo entre someter los archivos para pedir la patente hasta la decisión llegó a un promedio de siete años. Igual, está peor que en países más desarrollados, donde ese plazo es de unos cuatro años.
-¿Cuánto afecta eso a su rentabilidad?
-Si se toma en cuenta que el desarrollo de una molécula lleva siete años y unos US$ 1000 millones, es obvio que cada año de demora nos cuesta mucho a nivel mundial.
-En 2000, su antecesor, Martín Massini Ezcurra, se quejaba de que sólo unos pocos laboratorios invertían, mientras que otros sólo copiaban. ¿Qué opina usted?
-Yo nunca hubiera dicho algo así. Las compañías nacionales cumplen con la ley local y si un producto no cuenta con una patente en la Argentina, según su legislación, cualquier empresa podría (en palabras de esta persona) sacar su copia. No sería ilegal. Lo que vemos es que, de a poco, la cantidad de productos con protección de una patente aumenta.
-También se dice que la patente favorece el monopolio...
-Eso también era parte de la mística errónea en aquellos días de 2002, cuando se decía que muchos productos patentados iban a destruir el mercado local porque se iban a crear monopolios y desaparecerían muchos puestos de trabajo. No hemos visto nada de ese impacto catastrófico, sino aspectos positivos.
-¿Cómo impactó en su negocio el auge de los genéricos?
-Tenemos que separar las aguas. El genérico no puede existir sin el descubrimiento de la molécula original. Si una molécula no tiene patente en el país, todas las copias que se hagan no son estrictamente genéricos, porque éstos aparecen sólo cuando vence la patente. Acá lo que hay es una ley de prescripción por nombre genérico de la droga, pero eso no es una ley de genéricos.
-¿La legislación local les es favorable para invertir?
-Lo que hay es bastante aceptable para nuestra cámara.
-¿Comparado con otros países, cómo es el marco legal acá?
-Es aceptable, si no fuera así, no estaríamos presentes aquí.
-¿Tienen problemas por el alto costo de sus insumos?
-No hay problemas de abastecimiento. Obviamente, la variación entre peso y dólar o entre peso y franco suizo tiene su impacto en el costo de la materia prima, pero siempre hay algo que debemos manejar...
-¿Aumentando los precios?
-No sólo con eso. Ese es un factor, pero también se maneja lanzando nuevas moléculas y productos, donde hay una necesidad médica, ya que las moléculas más modernas tienen un precio más alto que las viejas. Y luego está todo el tema de manejar la productividad de una empresa. No sería factible depender sólo del alza de precios.
-¿Qué responde a la crítica que dice que los laboratorios crean las enfermedades para luego vender el tratamiento?
-Para poder desarrollar un tratamiento, la enfermedad tiene que existir, porque si no, no podemos obtener la autorización para un tratamiento novedoso. Me parece que no es tan factible pensar "vamos a crear esta enfermedad y luego busquemos la solución". Me parece de ciencia ficción.
-También se dice que no les conviene descubrir la cura definitiva, porque eso les impediría vender más medicamentos...
-Si miramos los avances en algunos temas muy difíciles, vemos que cuesta tanto encontrar algo que produzca un impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes, que, de nuevo, me parece ciencia ficción esa acusación. Ojalá encontráramos la cura para un cáncer de pulmón o lo que sea, porque estamos aquí para mejorar la calidad de vida de los pacientes.