Si consideramos las principales noticias que nos asaltan en estos días, es difícil encontrarle a cada una de ellas, en forma aislada, una explicación coherente.
¿Cómo justificar, por ejemplo, la insólita ofensiva de Guillermo Moreno contra la importación de alimentos, que ya ha suscitado la protesta de Brasil y la Unión Europea, nuestros principales socios comerciales? ¿Cómo evaluar otra ofensiva esta vez judicial, la de Norberto Oyarbide, a través del reciente procesamiento de Mauricio Macri? ¿A qué atribuir el "desendeudamiento" de las provincias ante el gobierno nacional, sin que se distinguiera entre aquellos gobernadores que hicieron "buena letra", como Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, y aquellos otros que se endeudaron alegremente, sin poner en orden las finanzas provinciales? ¿De dónde provino la decisión presidencial de anunciar un subsidio universal a la niñez sin reconocer que esta iniciativa había sido previamente auspiciada por la oposición? ¿De dónde surgió la "invasión piquetera" en la avenida 9 de Julio? ¿Hay alguna conexión entre estos episodios y el apoderamiento del Fútbol para Todos por parte del Gobierno, en vísperas del Mundial? ¿Hay alguna explicación para la proliferación de los mensajes de los dos miembros de la pareja presidencial, que llenan cada día las pantallas de televisión sin obtener por eso un mínimo "rating"? Finalmente, ¿será la celebración del Bicentenario un acontecimiento "nacional" al que sean convocados todos, oficialistas, opositores e independientes por igual, o se concentrará en la exaltación de Néstor y Cristina Kirchner?
Estos ejemplos que nos regala hoy la actualidad, ¿hay que analizarlos uno por uno, como si fueran novedades inconexas, o es posible encontrarles un hilo conductor capaz de unificarlos como las "partes" de un "todo" en el cual cada uno de ellos encuentre su sentido?
El hilo conductor
Una primera pista de que estos diversos acontecimientos responderían a una única causa es que todos ellos habrían nacido de Néstor Kirchner. La segunda pista, quizá decisiva, es que todos ellos encajan dentro de una estrategia que los unifica: la voluntad de poder del único favorito de la Presidenta, que ha decidido librar una batalla a todo o nada para ser consagrado presidente de los argentinos en octubre de 2011.
No bien aceptamos esta premisa, cada uno de los episodios mencionados más arriba encuentra su lugar. La ofensiva de Moreno contra la importación de alimentos ha sido objetada, con razón, por el daño comercial que traería consigo, pero este argumento, que subraya el interés general que se halla en juego, no toma en consideración que, si cerrar la economía nos perjudicaría como país, lo que le importa a Kirchner no es el país, sino su propio control del país. A Kirchner no lo preocupa la grandeza económica y social de un país que en tal caso él tendría que compartir con otros, sino compartir el poder aunque el país, a consecuencia de ello, resultara más pequeño. Lo mismo ha ocurrido detrás de la voluntad del favorito por ahuyentar las inversiones extranjeras, porque ellas, de expandirse, no le responderían. Adjudicar la decisión de cerrar la economía a Moreno sería ignorar que el secretario de Comercio es, apenas, un soldado de Kirchner; los empresarios afectados podrían llamarlo incluso "un verdugo de Kirchner", pero los verdugos, ya se sabe, son meramente instrumentales.
El juez Oyarbide, ¿no es por su parte otro de los verdugos de Kirchner, esta vez en el campo judicial? Es difícil interpretar su apresurado procesamiento de Macri a menos que se incluya en esta interpretación el hecho de que, no teniendo todavía ni el radicalismo ni el peronismo federal sus candidatos presidenciales, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires es por ahora el único rival de Kirchner. La campaña que ha desarrollado Oyarbide contra él, ¿responde entonces sólo a una causa judicial o es, a la inversa, fundamentalmente política? ¿Cómo desligar esta pregunta, por otra parte, del desorden que los piqueteros kirchneristas han creado en la avenida 9 de Julio, sin que el jefe de Gabinete los haya denunciado como lo hizo contra los piqueteros antikirchneristas? ¿Cómo aislarla del hecho de que Macri y Kirchner están compitiendo para ver quién se luce más en la inminente celebración del Bicentenario? ¿Cómo desconectarla de la expectativa que ha creado la inauguración del nuevo Teatro Colón?
Otras iniciativas oficiales, como el desendeudamiento de las provincias y el subsidio a la niñez de un lado y el Fútbol para Todos del otro, encajan como anillo al dedo en la estrategia kirchnerista. Mientras el desendeudamiento y el subsidio a la niñez fueron iniciativas opositoras, empero, ellas apuntaban a liberar a sus beneficiarios de la hegemonía kirchnerista de la "caja" aunque ahora, gracias a la rapidez de reflejos del oficialismo, igual vendrán los recursos pero canalizados, eso sí, no ya desde el Congreso sino desde la quinta de Olivos. Por eso al subrayar la velocidad de estos reflejos, el diputado Pinedo pudo decir "nos madrugaron". La transmisión del fútbol, en fin, le fue arrebatada a Clarín . Pero ¿no considera Kirchner, acaso, que los "medios" son su principal enemigo?
La campaña "preelectoral"
Cuando los argentinos celebraron su primer Centenario, la magna ocasión sirvió para ratificar la visión común sobre un pasado que se había vuelto esplendoroso, de la cual da testimonio el análisis que ofreció por entonces Joaquín V. González en su lúcido ensayo El Juicio del Siglo . La celebración que ahora nos espera, ¿dará lugar a una nueva meditación convergente o los Kirchner buscarán, al contrario, monopolizarla? ¿Se unirá de nuevo el país en la memoria de un éxito incomparable, como lo hizo hace cien años, o la vocación hegemónica del matrimonio presidencial ahondará aún más la zanja que hoy separa a los argentinos?
Una interpretación a la vista de los tiempos que estamos viviendo consiste en advertir que ahora nos hallamos en medio de una campaña preelectoral. No en medio de una "campaña electoral", porque faltan diecisiete meses para los comicios presidenciales. Pero sí en medio de una "campaña preelectoral" porque la intención de Kirchner es llegar a la decisiva campaña electoral del próximo año con todos los resortes del poder en sus manos.
Si entendemos por razonable la actitud de aquel que, si bien persigue sus propios objetivos, lo hace respetando las normas y a sus adversarios, la ofensiva preelectoral de Kirchner no es razonable. Si entendemos, en cambio, que la actitud del que persigue obsesivamente sus objetivos sin que le importen ni la santidad de las normas ni la dignidad de sus adversarios es racional porque busca los medios que llevan al fin, ¿quién le negará a Kirchner esta cualidad, que es moralmente objetable, pero puede ser políticamente efectiva?
Pero la feroz embestida que ha emprendido Kirchner contra Macri a través de ese juez sospechosamente kirchnerista que es Oyarbide, ¿es de veras, en última instancia, "racional"? Habida cuenta de la rotunda imagen negativa que hoy padece el ex presidente, ¿no podría volverse contra él? ¿Cuánto ganaría Macri si su flamante procesamiento lo convirtiera, a la luz de la opinión pública, en la víctima propiciatoria de una flagrante injusticia? El 28 de junio de 2009, el pueblo le bajó el pulgar a los Kirchner. Esta sentencia, ¿será rectificada o ratificada a medida que avance la campaña preelectoral en la que nos hallamos? Más allá de los Oyarbide y los Moreno, el pueblo tendrá la última palabra.