CANNES.- Entre el festival y el mercado que se desarrollan en esta ciudad, la carrera de Fórmula 1 en Mónaco y el abierto de tenis en Niza, que sirve como prolegómeno del master de Roland Garros, la zona de la Costa Azul se ha convertido en un verdadero caos y en un despliegue por momentos obsceno de lujo y extravagancia. Por estos días, conseguir un taxi, una mesa en un restaurante o una habitación de hotel es casi una misión imposible (o una muy cara). Los operadores turísticos están de parabienes y, como suele ocurrir, inflan los precios a la velocidad de una Ferrari.
Como para estar a tono con este estado de codicia y especulación que impera en la Croisette y alrededores, se presentó ayer fuera de competencia Wall Street: El dinero nunca duerme , secuela que Oliver Stone dirigió 23 años después de su film original. Michael Douglas -que ganó el premio Oscar a mejor actor protagónico por el recordado papel del despiadado financista Gordon Gekko- regresa en el papel central, aunque ahora aparece también como personaje central un joven broker interpretado por Shia LaBeouf, cuya pareja es la hija de Gekko (Carey Mulligan).
En el arranque del film -que tuvo aquí una recepción más bien fría y cuyo estreno comercial en casi todo el mundo se anuncia para fines de septiembre- Gekko sale de la cárcel luego de haber cumplido una sentencia de ocho años. Más tarde, vuelve a concitar el interés de los medios y la opinión pública con la publicación de un libro y, de a poco, con algunas operaciones financieras no muy transparentes. El guión de esta segunda entrega aprovecha el reciente colapso bancario de los Estados Unidos para exponer los desmanejos y la soberbia de los principales ejecutivos, como el que encarna Josh Brolin, aunque propone una vuelta de tuerca "humanista" bastante elemental. Frank Langella, Susan Sarandon, el veterano Eli Wallach y Charlie Sheen (otro que había estado en la película original de 1987) completan el elenco principal.
En la conferencia de prensa, Stone -que próximamente visitará la Argentina para el estreno de South of the Border , documental sobre los líderes políticos latinoamericanos, y que confirmó que hará un nuevo film sobre Fidel Castro- dijo que tras la explosión de la burbuja esperaba que el sistema financiero mundial cambiara, "pero no lo ha hecho". "Ni siquiera se cumplen las famosas leyes del mercado, me hubiera gustado ver reformas importantes, pero no las hubo y ya tenemos los nuevos ejemplos: Grecia, Portugal y España", agregó.
"La avaricia no ha terminado -explicó Douglas-. En el primer film la codicia se veía como algo bueno, en éste, directamente es legal". Por su parte, el director de JFK y Nixon sostuvo que esta secuela "no es sólo sobre el mundo de las finanzas, sino también sobre la búsqueda del equilibro en la vida, sobre gente que está tratando de hallar un equilibrio entre el amor por el poder, por el dinero y la familia sin repetir arquetipos anteriores".
Además, en el marco de la sección oficial Un Certain Régard se proyectaron dos títulos con muy buena recepción. Aurora , regreso a Cannes del rumano Cristi Puiu (conocido por los cinéfilos argentinos gracias al estreno comercial de La noche del Sr. Lazarescu ), describe la cotidianeidad de un hombre (interpretado por el propio Puiu), padre de dos hijas y divorciado, que se convierte en asesino serial. Más allá de su duración (tres horas), se trata de otro notable exponente del talento formal y de la profundidad dramática de la nueva ola de ese país, cuya puesta en escena y estética remiten por momentos a No matarás , de Krzysztof Kieslowski; y a Las horas del día , de Jaime Rosales.
El otro hallazgo fue O estranho caso de Angelica , el más reciente trabajo de Manoel de Oliveira. A los 102 años, el incansable maestro portugués vino en persona a Cannes -con una vitalidad y una alegría envidiables- para presentar este drama fantástico (un proyecto que concibió en? 1952 y que recién ahora pudo concretar) sobre un joven fotógrafo (Ricardo Trêpa) que es contratado de urgencia por una poderosa familia para tomar imágenes del cadáver de una bella joven (Pilar López de Anaya). El antihéroe queda enamorado, obsesionado por la difunta, que se le irá apareciendo a toda hora y en todo lugar. La película y el director se llevaron la ovación más grande en lo que va del festival.