Con muestras de manga y samuráis, calles decoradas y festivales de todo tipo, el centenario de la inmigración japonesa se festeja a lo grande.
El próximo miércoles se cumplirán cien años de la llegada del primer barco con inmigrantes japoneses a la costa de Brasil. Durante 2008 se celebra en todo el país la odisea de aquel grupo de 781 precursores, que el 18 de junio de 1908, luego de 52 interminables días en el mar a bordo del Kasato Maru, arribó al puerto de Santos, dando origen a la comunidad más grande de japoneses fuera de Japón.
Comenzaron sus días en América trabajando en los campos, sobre todo en las haciendas cafeteras. Debieron adaptarse a un país con un idioma, una cultura y un clima totalmente diferentes de los propios. Ellos fueron tan sólo los primeros de una ola inmigratoria que, entre 1918 y 1970, trajo a 210.000 japoneses a vivir a Brasil. Actualmente, la colonia suma un millón y medio de integrantes, entre inmigrantes y descendientes. El 75% de ellos está concentrado en la ciudad de San Pablo.
Desde 2003, la Asociación para la Conmemoración del Centenario de Inmigración Japonesa en Brasil ( www.centenario2008.org.br ), con el objetivo de homenajear a los inmigrantes, manifestar la gratitud al pueblo brasileño y fortalecer los lazos entre ambos pueblos, ha preparado un nutrido calendario con exposiciones de manga, quimonos y samuráis en origami, festivales de cine y degustaciones de comida, por nombrar sólo algunos de los encuentros.
Ayer comenzó la Semana Cultural Brasil-Japón, en el complejo de Anhembi, que se extenderá hasta el próximo domingo. Será el punto más alto de las celebraciones en la ciudad de San Pablo. Habrá tanto workshops como presentaciones de arte y conferencias. La entrada es gratuita y para la gran fiesta del fin de semana, con danzas típicas, artes marciales y música con más de 1000 participantes, se esperan 50.000 personas.
El sábado se realizará un desfile basado en la historia de la inmigración, a la que asistirá el príncipe Naruhito, representante de la familia imperial japonesa, que también estará presente en las ceremonias previas en Brasilia, a la que también concurrirá el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La euforia por el centenario incluye la edición de libros, el lanzamiento de estampillas, sellos postales, e incluso ojotas. La marca Havaianas preparó una edición especial con los colores del logo oficial del centenario, que une las dos banderas, para simbolizar la unión de los pueblos, y que se venden tanto en Brasil como en Japón. También San Pablo Fashion Week abrirá su 25° edición con un espectáculo de geishas. Hasta los personajes infantiles hacen su aporte: Hello Kitty, por parte de Japón, y Mónica, por Brasil, embajadoras de la Buena Voluntad de Unicef estarán en la apertura de la Semana Cultural.
Entre flores y wasabi
El epicentro de esta gran comunidad es el barrio Liberdade, en pleno corazón de San Pablo, que como no podría ser de otra manera se viste de fiesta. Se verán modificaciones en las calles, los jardines y las fachadas, que durarán cerca de 18 meses, con el objetivo de destacar su aspecto oriental, que hasta ahora se veía resaltado por el gran arco rojo de nueve metros, llamado torii , que marca la entrada a estas 20 manzanas. También por una cadena de faroles rojos, suzurantos , alineados sobre la calle principal, Rua Galvão Bueno, que agrega otro toque nipón al paisaje urbano superpoblado de carteles escritos en japonés.
Hoy, más que nunca, el barrio es un punto ineludible para quienes visitan esta gran metrópolis alegre, caótica y orgullosa de su diversidad cultural. Si bien es japonés, también alberga a coreanos y chinos. Se puede llegar a través de la línea azul del metro, visitar el Museo Histórico de la Inmigración Japonesa en Brasil, donde hay una réplica del Kasato Maru, y ver desde afuera el templo budista Quannin, vigilado por un león de piedra. Es un buen lugar para ir de compras: teteras, abanicos de incienso, lámparas de papel, bonsáis, ingredientes típicos -jengibre, hongos shitake, wasabi-, bracos para sushi o tan sólo recuerdos, como el muy popular amuleto de cerámica del gato Maneki Neko, que tiene una de sus patas levantadas y promete buena fortuna.
Los domingos hay feria y Liberdade explota: una multitud mira, camina, señala, come y compra. Allí se venden artesanías y, sobre todo, buena comida por unos pocos reales. El olor a frito invade la plaza principal en donde la gente se amontona en los puestos callejeros con toldos a rayas blancas y rojas para poder alcanzar algunas de las brochettes de tempura de camarones, que surgen crujientes de las enormes ollas con aceite hirviendo en forma permanente. Sopas, arroz, fideos de arroz, sushi, croquetas y dulces exóticos son otros de los platos que se pueden probar parados o sentados en el cordón de la vereda.
De postre, este año la moda son los helados de palito Melona, producidos por la empresa surcoreana Binggrae. Son el accesorio infaltable en Liberdade. Vienen en amarillo (banana), y rosa (frutilla), pero los que más se ven son los verdes, de melón, sin duda los más ricos.
También se puede optar por alguno de los muchos restaurantes que copan el barrio. Sushi-yassu es uno de ellos, que además de las mesas clásicas tiene otras más bajas, en compartimientos que se cierran con una puerta de papel, donde se come sentado en el piso sobre tatamis (alfombras típicas), lo que para algunos occidentales no acostumbrados puede derivar en un calambre.