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La urgencia del país es pensar a largo plazo

Pensar la Argentina más allá de la coyuntura, con la mirada sobre el horizonte del largo plazo, no sólo es posible: es una necesidad impostergable.

La urgencia del país es pensar a largo plazoAsí lo entendieron el dirigente uruguayo Enrique Iglesias, titular de la Secretaría General Iberoamericana, y los académicos en educación Juan Llach, Guillermo Jaim Etcheverry y Antonio Battro, que compartieron un almuerzo organizado por La Nacion y el Banco Galicia, para analizar las tendencias y los desafíos que el país y la región tienen pendientes en el campo de la educación superior.

La conclusión y principal coincidencia es que el largo plazo se presenta hoy más urgente que nunca.

La mesa, coordinada por el doctor Roberto Cortés Conde, arrojó ideas y pensamientos para poner en acción, y mostró a qué distancia está hoy la Argentina de las autopistas del conocimiento y de la información, cuando el desarrollo educativo local a duras penas transita por las vías colectoras. "Todos hablamos de la sociedad del conocimiento, pero pareciera que nos vamos aproximando a la sociedad de la ignorancia", advirtió Jaim Etcheverry, ex rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), al plantear un escenario preocupante, a la luz de indicadores que reflejan el avanzado deterioro de la educación argentina.

Los datos muestran una muy pobre inversión en ciencia y técnica, que no llega al 0,4 % del PBI, cuando Brasil casi triplica el índice y los países desarrollados lo quintuplican. En términos presupuestarios, los recursos de todas las universidades nacionales (1800 millones de dólares) son inferiores al presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que asciende a 2053 millones.

"Pensar en el largo plazo es una urgencia muy grande", dijo Iglesias, una de las personalidades internacionales que más alzó su voz en favor de la Argentina durante los tiempos más duros de la crisis de 2001. Frente a él, el ex ministro Llach habló de "recrear la corta primavera que se vivió entre la asunción de Frondizi y la trágica Noche de los Bastones Largos", que marcó a fuego la historia universitaria argentina, y el doctor Antonio M. Battro instó a no olvidar que el desafío frente al futuro se juega cada mañana en la fuerte apuesta al desarrollo de la enseñanza de las ciencias en las aulas de la escuela primaria.

Todos fueron recibidos por el presidente del directorio de la SA LA NACION, doctor Julio C. Saguier, junto con Constanza Gorleri, gerente de Responsabilidad Social Empresaria del Banco Galicia, y, Enrique C. Behrends, gerente de Desarrollo Organizacional, en la sala de reuniones del sexto piso de LA NACION. Compartieron un almuerzo, que constituyó la apertura de un ciclo destinado a pensar estrategias para el desarrollo de la educación superior en la Argentina, a dos años de que se abran las puertas del Bicentenario. Similares encuentros se desarrollarán a lo largo del año, con otros invitados, para analizar los desafíos pendientes que el país enfrenta en el área educativa, a partir de una iniciativa surgida en la Fundación Diario LA NACION.

El debate se enriqueció con coincidencias en torno a la necesidad de procurar el diálogo y poner en marcha inversiones más consistentes en educación, para la formación de recursos humanos y la aplicación de avances tecnológicos que recorren el mundo, así como recrear, de cara al Bicentenario, el clima de efervescencia y de inserción en el mundo de la investigación científica que vivían las universidades argentinas en la década del sesenta.

También hubo opiniones divergentes, como las diferentes miradas en torno del problema de la masividad de la enseñanza, especialmente en las instituciones de educación superior, y propuestas para establecer criterios más solidarios a la hora de distribuir los recursos del financiamiento universitario.

Alguien que piense

"En la Argentina del siglo XIX, cuando el país era un conjunto de pueblos agrupados en medio de unas guerras civiles que parecían interminables y que hacían difícil la formación de la Nación argentina, había gente que trataba de pensar", dijo Cortés Conde, al rescatar dos figuras emblemáticas del período de organización del país: Juan Bautista Alberdi y Domingo F. Sarmiento.

"Alberdi planteó el problema de los ferrocarriles y la inmigración, sin lo cual el país hubiera sido imposible. Y Sarmiento pensó la educación base de un país que quería ser moderno, no sólo con la extensión de la educación universal, sino también con la mejora de la calidad de la enseñanza, a través de la llegada de maestras norteamericanas y la creación de escuelas normales", recordó el historiador, en la introducción del debate, cuyos tramos sustanciales se reproducen a continuación: .

Enrique Iglesias: - Pensar en el largo plazo es una urgencia muy grande en nuestros países. Con las crisis de los 70 y de los 80 y la aproximación neoliberal del Consenso de Washington, que proponía dejar que el mercado trabaje los precios, perdimos contacto con las visiones de planificación y de largo plazo. Es muy urgente retomarlo y que haya gente que comience a otear el horizonte y ver para dónde van las grandes tendencias del mundo. La nueva geografía económica y política del mundo nos abre nuevas perspectivas. Con el ingreso masivo de Asia al mercado de consumidores, aparecen 2500 millones de personas. Y nuestra región tiene mucho para ofrecer en esa demanda internacional.

Guillermo Jaim Etcheverry: - Los indicadores de nuestra calidad educativa muestran que estamos muy lejos de la sociedad del conocimiento. Una cosa es el discurso y otra, la realidad. Todos hablan de la importancia de la ciencia, pero las cifras reflejan que estamos muy retrasados. Y en el caso de la Argentina, los datos muestran que estamos retrocediendo. Tenemos que hacer un esfuerzo por revalorizar el conocimiento. Hay que volver a los principios elementales del trabajo, de la educación como aventura y esfuerzo personal. Y está, además, el problema del sacrificio social.

Juan Llach: Comparto la idea del hambre del largo plazo que hay en la región. Pero si no se genera una o más instituciones públicas o privadas específicamente dedicadas a eso los esfuerzos no van a llegar a buen puerto. La Argentina debe recrear el clima que se vivió en esa corta primavera entre Frondizi y la trágica Noche de los Bastones Largos, en la que el conocimiento estaba claramente en el centro de las preocupaciones sociales. Se despertaban vocaciones, se hacía investigación, se creaban universidades privadas, había un clima de efervescencia universitaria. Para eso hay que pasar de la diatriba al diálogo. El equivalente de las maestras de Sarmiento sería lograr que vuelvan al país recursos calificados de investigadores que se perdieron. Si hubiera mejores condiciones, muchos retornarían.

EI: - El aprovechamiento de las oportunidades está ligado con la formación de los recursos humanos y con la incorporación de los avances tecnológicos. En los últimos años, los países asiáticos nos sacaron enormes ventajas en calidad educativa y en inversión en tecnología. En ese campo, nuestra inversión en tecnología es deplorable.

GJE: - En Estados Unidos, se preocupan y piensan que el futuro está siendo comprometido. China y la India están graduando más ingenieros que EE.UU. La primera medida que toman es la formación de profesores en las materias científicas, que acá no se estudian.

JL: -En China, se gradúan cada año 700.000 ingenieros y en los Estados Unidos, 70.000. La Argentina está lejísimos. Hay una debilidad que viene de lejos en las ciencias duras.

Antonio Battro: - En el caso de China, el problema no está en las ingenierías. Está en los chinos. Tienen 250 millones de chicos en la escuela primaria y llevan adelante un proyecto de enseñanza de las ciencias que significa un cambio de actitud y una cuestión de valores. La revalorización de la verdad, de la ciencia, del espíritu crítico tiene que comenzar en la primaria. Hace unos 15 años, la Academia de Ciencias de Francia advirtió con horror que no se enseñaba ciencia en las aulas. Volvieron a hacerlo y se provocó un cambio sustancial. Mi optimismo se basa en que hay una masa enorme de chicos que está tomando conciencia de lo que es la ciencia, que no es lo que está en los libros. La ciencia está en la actividad, en el diálogo con las cosas.

GJE: - En nuestra región, es muy baja la inversión en ciencia y técnica, no llega al 0,4%. Brasil llega al 1,1% (el único de América latina que llega al 1%); los países desarrollados invierten poco más del 2%, Japón invierte el 3%, porcentajes muy influidos por la inversión privada. En Japón más de la inversión en ciencia y técnica es del sector privado; en Estados Unidos es el 50%. En la Argentina, con suerte, es del 20%. La dirigencia también debiera ser convencida de que es importante contribuir a ese desarrollo. La Argentina invierte para todas sus universidades menos que lo que invierte México en una sola institución. Debemos aspirar a que nuestras universidades sean centros de creación de conocimiento original.

AB: - La educación es el diálogo entre aprender y enseñar. Si logramos enseñar ciencia tenemos una base de sustentación para las cosas más sublimes del espíritu. No podemos seguir pensando que solamente una élite transformará el mundo. Todos tenemos la capacidad. Yo felicito a Uruguay, que decidió dar la mejor conectividad posible en las escuelas públicas y privadas a todos los chicos, de 6 a 12 años. Eso va a cambiar al país en una generación. No habrá un solo chico en Uruguay que no tenga acceso a Internet y una computadora.

EI: -El interés por la educación está en la población. La gente hace lo que puede por educar a sus hijos. La masificación es una alternativa para que más gente llegue a la universidad. Pero cuando la masificación compite con recursos escasos se queda con los pocos recursos y baja la calidad.

GJE: - La masividad es un problema complejo. Hay áreas masivas y otras no tanto. En grandes universidades como las nuestras, hay carreras que no tienen ese problema, como las de ciencia y filosofía. Se da en ofertas profesionales (Derecho, Medicina, Psicología). Nuestros países necesitan más gente con formación universitaria. En la Argentina, el 14% de la población entre 25 y 64 años (la fuerza de trabajo) completó la educación terciaria. En Canadá, el 44%; en Estados Unidos, el 38%; en Suecia, el 33%; en Perú, el 18%, y en Chile, el 14 por ciento.

Roberto Cortés Conde: - La proporción de la gente que ingresa a estudiar en la universidad debe ser mucho más alta.

GJE: - Sí, pero el problema educativo no es sólo de eficiencia. Es de formación, de ejemplo, de experiencia. Una persona que realiza estudios universitarios, aunque no los termine, ha atravesado una experiencia educativa que es importante. Lo ideal sería que todo el que ingrese se gradúe. El gran problema es la falta de relevancia.

JL: - Yo estoy en favor de la universidad masiva. Pero es inconsistente sostener una universidad masiva con este modelo de financiamiento. Como el arancel no se va a aceptar por muchas décadas en la Argentina, hay que plantear seriamente un sistema de crédito educativo como el que tiene Australia, donde la gente, una vez que llega a un nivel adecuado, empieza a devolver a 20 o 30 años de plazo lo que recibió en educación. Una solidaridad elemental, lo cual llevaría a la universidad muchos recursos.

RCC: -¿No sería más lógico tener como en Estados Unidos, por un lado, las universidades y, por el otro, los colleges , para la formación profesional?

GJE: - Sí, pero hay tradiciones. Son culturas diferentes, que no van a cambiar de un día para el otro.

RCC: - Las universidades son generadoras de grupos de investigación. Tienen que tener un número de investigadores para empezar a tener relevancia. Hay que pensar una estrategia. Habría que difundir la idea de la competencia. En los rankings de universidades en el mundo, la Argentina está en posiciones bajas. Según datos de la Unesco, Chile, que tiene un potencial económico menor, posee una producción de papers científicos mayor que la Argentina.

GJE: - Hace poco hicimos un estudio sobre la función de las universidades, según la opinión de la población en general. La gente citaba la formación de los profesionales, la finalidad educativa, pero la investigación aparecía citada en el 7% de los casos. Y si uno miraba la opinión de los graduados universitarios, que pasaron por los claustros, sólo el 9% ponía la investigación entre las funciones prioritarias.

JL: -Es importante democratizar la universidad en serio, con los colegios de la comunidad e institutos tecnológicos. Mucha gente no accede a la universidad por razones geográficas. En Australia, los institutos tecnológicos y terciarios son una avenida paralela a la universidad, con la misma jerarquía y calidad.

AB: - La curiosidad y la capacidad de aprender es lo propio del ser humano. Todos los animales aprenden, pero ningún animal enseña. La masa de inteligencia en el mundo es colosal si empezamos de las bases. Eso procuramos hacer con el programa Una Computadora por Chico, con Nicholas Negroponte. En todos lados encontramos la alegría enorme de aprender y de enseñar. Hay una capacidad innata por enseñar. Alguien decía que la ciencia es lo que el padre enseña al hijo y la tecnología, lo que el hijo enseña al padre.

RCC: - Si uno quiere saber qué está pasando en el mundo, hay que mandar gente afuera, crear condiciones reales para que vuelvan los que han emigrado. Los mejores se van a doctorar a Harvard y al MIT y se quedan. Tenemos que estar dispuestos a dar una opción de preferencia en la que estamos dispuestos a jugar en el mundo.

JL: - Hay dos problemas por los cuales el país no invierte lo que debiera en educación. Uno es financiero. Hay muchos gobernadores en la Argentina que quieren poner la educación a la altura del siglo XXI, pero no lo van a poder hacer con el sistema centralista de renta fiscal. Y hay excesos burocráticos. Falta una política escuela por escuela.

RCC: - Yo nací en una cultura en que uno sabía y estaba convencido de que, independientemente de la condición social y los recursos que tuviera su familia, si estudiaba y trabajaba sabía que tendría buenas perspectiva y que la iba a ir bien. Lo volví a ver cuando fui a enseñar en los Estados Unidos, en los años 90, en Chicago, con los estudiantes chinos. Eso, en la Argentina, se erosionó. Era más fácil ser vivo y conseguir algo. La gente se acostumbró a reemplazar el esfuerzo en pos del conocimiento por el talento para la picardía.

JL: - Los primeros que deben tener conciencia son los dirigentes públicos. Si uno pudiera sacar una foto de sus agendas de trabajo y ver cuánto tiempo realmente dedican a la educación, nos daría vergüenza. ¿Cuánta energía diaria le dedican? ¿Cuántos dirigentes uno ve visitando escuelas, interesándose por ellas, conversando con los padres, los maestros? La dirigencia argentina, más allá del discurso, tiene que tomarse en serio la educación.

GJE: - La dirigencia debería ser consciente de la importancia que tiene la educación y crear una demanda en la sociedad a través del ejemplo. Yo conversé una vez con un presidente y le dije: "Lo mejor que podría hacer por la educación es hacer lo mismo que hacía Mitre: salir de la Casa de Gobierno, cruzar la Plaza de Mayo, ir al Colegio Nacional de Buenos Aires y sentarse a escuchar una clase". Sería una señal muy importante. Cuando la presidenta Cristina Kirchner dijo en su discurso de asunción que se había educado en una escuela pública, en la que los chicos íbamos a aprender, los maestros nos enseñaban y nuestros padres nos acompañaban y se interesaban por lo que hacíamos, también fue una señal importante. Una frase, nomás. Pero no tiene que ser algo aislado.

EI: -La clave es ver cómo se hace para generar conciencia crítica y movilizar a la opinión pública para que presione en favor de estas demandas. Una de las experiencias que apoyamos en el BID favorecía el compromiso de los padres en la gestión de las escuelas. Era el programa Educo, en El Salvador, por el cual los padres tomaban a su cargo el control de las escuelas, fijaban el salario de los profesores y obtenían buenos resultados, con una disminución de los índices de ausentismo de alumnos y de docentes. Contribuían a mejorar la calidad de la educación.

RCC: - Yo centraría el esfuerzo en tres, cuatro, cinco instituciones de excelencia, de educación universitaria, así como en su momento fueron el Conicet y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el que existía el orgullo de estar en el mundo y cerca de las fronteras del conocimiento. Y trataría de emular otras instituciones con el ejemplo.

JL: -Eso requiere un grado mínimo del cumplimiento de la ley. Es lamentable lo que ocurre con la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, una institución cuyo prestigio se derrumbó con las protestas y tomas estudiantiles. Hasta la matricula de alumnos cayó. Es un indicador claro de que está perdiendo ante la sociedad esa extraordinaria reputación que se supo ganar durante tantas décadas. Cuando se pierde la autoridad se hace un grave daño a la democracia.

EI: -Una vez, el presidente de un país grande me dijo: "Mire, Iglesias, no se llame a engaño. La mejor política educativa es pagarles bien a los maestros". Y tenía mucha razón. Lo que pasa es que aquí aparece el tema de la masificación. Son tantos los maestros, que cualquier aumento implica cargas retributarias descomunales. Pero es verdad. Y es verdad también que nuestras universidades no son baratas. Los sueldos miserables de los profesores constituyen un subsidio muy grande.

JL: -La Argentina debería estudiar el caso de Australia. Una de las principales exportaciones que tiene hoy Australia es la de servicios universitarios, porque llegan estudiantes de Asia y otros lugares.

RCC: - La India también ha avanzado muchísimo.

JL: - Cuando se preguntan las razones del éxito educativo en Finlandia, la respuesta es que un maestro tiene exactamente la misma jerarquía que ser médico, ingeniero o abogado. Tanto en remuneraciones como en reconocimiento social. Lo de los recursos es esencial, pero a veces no tanto. En muchos lugares, como la Argentina, hay mucho malgasto de fondos.

EI: -La educación es transmisión de conocimiento y transmisión de valores. Me preocupan dos elementos perversos de la globalización: la concentración de oportunidades y la incidencia en los valores. El tema del salario no es menor. Uno confía la formación de las futuras generaciones a maestros que viven con angustias porque tienen sueldos bajos y llegan con dificultades a fin de mes. La educación de nuestros hijos está en manos de gente angustiada. No se pueden separar los problemas de la remuneración de una buena política educativa de largo plazo.

RCC: -Aunque no es suficiente, es absolutamente necesario. Y no sólo para maestros, sino también para los profesores universitarios.

JL: -La ecuación es clara. En América latina y en la Argentina, en particular, en los últimos años, aumentó la cantidad de alumnos, pero los recursos no lo hicieron proporcionalmente. Entonces, la variable de ajuste es la calidad de la enseñanza...

GJE: -A través de la calidad del docente, al que se le paga poco. Los estudios de composición social de los docentes señalan que ahora es una alternativa al servicio doméstico. El problema es el capital cultural que llevan al aula. En las universidades es fundamental que haya más profesores con dedicación exclusiva. En nuestro país no supera el 10% de la planta docente universitaria.

JL: -Sin profesores con dedicación exclusiva, no hay investigación. Y sin investigación, no habrá docencia universitaria de mayor calidad. Es muy poca, incluso, la proporción de estos profesores con dedicación exclusiva en las universidades privadas.

RCC: - La importancia y las prioridades en las sociedades se miden por los recursos que se asignan a áreas tan vitales como la educación.

EI: -Con esta demanda importante que tiene hoy el sistema educativo, la gente que tiene recursos no manda a sus hijos a la educación pública, sino a la educación privada. Tenemos, así, un factor de mala distribución del ingreso. Mala educación para las masas.

JL: -Y eso perpetúa la desigualdad.

EI: -La acelera.

GJE: - Pero aun los que pueden comprar educación, no compran una buena educación. Si compraran buena educación, se crearían estructuras de educación excelente en el ámbito privado, que las hay, como también las hay en el público. Pero no necesariamente eso se traduce en una mejor calidad de enseñanza. Se fijan en que el colegio tenga campo de deportes, que hagan buenos amigos. A muchos no les interesa el rendimiento académico.

JL: -La correlación entre rendimiento académico y costo por alumno no es directa. Respecto de los recursos en las universidades, hay todavía muchos prejuicios sobre la venta de servicios. Perdonen que insista en Australia, pero en ese país el 40% de los recursos de las universidades proviene del presupuesto público. Otro 40% se genera por los sistemas de crédito y un 20% por la venta de servicios. Eso es muy importante, pero se lo ve como una mercantilización de las universidades.

RCC: -Yo tengo unas reservas. No sé si ese sistema es positivo en la Argentina. La venta de servicios puede favorecer a un sector determinado pero no a todos. Se corre el riesgo de reproducir múltiples pymes de posgrado y de ventas de servicios y eso puede llegar a ser un problema.

JL: Para mí no es un problema. Es parte de la solución. En muchas carreras, sobre todo de las ciencias sociales, a través de las consultorías se favorece el contacto de la comunidad universitaria con la realidad. Es esencial para que el profesor se aproxime a la realidad. La discusión de la nueva ley de educación superior en la Argentina puede ser un momento apropiado para ver si se cambia el sistema de financiamiento de la educación superior. Es insensato pretender que las universidades masivas puedan promover una educación de calidad con el sistema de financiamiento actual. Hay que romper tabúes. Es una cuestión de solidaridad entre generaciones. Si eso no se cambia, será una ley absolutamente voluntarista.

GJE: El problema no es lo que diga la ley. Es de cultura social. Corremos el peligro de generar leyes intervencionistas, que coartan y burocratizan el desarrollo de las universidades y su vinculación con el mundo. Cuanta más libertad, mejor.

EI: No debemos olvidar que los medios tienen una enorme responsabilidad. Pueden colaborar en la misión de movilizar y sensibilizar a la gente en estos temas trascendentes.

Enrique Iglesias

Doctor en medicina de la UBA, institución de la que luego sería rector (2002-2006), es miembro de la Academia Nacional de Educación y es el único latinoamericano miembro de la Academia Estadounidense para las Artes y Ciencias. Actualmente es investigador del Conicet y director de la Fundación Carolina, dependiente del rey de España.

G. Jaim Etcheverry

Economista y sociólogo, fue ministro de Educación Nacional, asesor del coloquio IDEA y de la Conferencia Episcopal en el Diálogo Argentino y viceministro de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación. Actualmente, dirige el área de economía del IAE.

Juan Llach

Doctor en Medicina, fue un pionero en la introducción de herramientas informáticas en la enseñanza en la Argentina y Brasil. Actualmente se dedica a la aplicación de las nuevas tecnologías en el desarrollo de las capacidades neurocognitivas.

Antonio Battro

Abogado, es miembro de la Academia Nacional de Historia y fue investigador en Cambridge y en Oxford. Miembro del Comité Editorial de la Revista de Historia Económica de Madrid y de la Asociación Internacional de Historia Económica. Es profesor en la Universidad de San Andrés.

R. Cortés Conde

Economista uruguayo, fue presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), secretario ejecutivo de la Cepal, ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay y presidente del Banco Central de ese país. Desde 2005, es secretario general de la Secretaría General Iberoamericana.

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