La ciencia permite un incremento notable en los rindes. Un viaje imperdible por la sede de Dow Agrosciencies.
Hacía falta un soplo de aire fresco. En el medio de la pelea por las retenciones, llegó la fecha -programada mucho tiempo antes- para visitar el cuartel general de una de las compañías líderes en generación de tecnología para el campo. Se trata de Dow Agrosciences, enclavada en Indianápolis, en pleno corazón maicero y sojero de los EE.UU. Una empresa originariamente involucrada en la industria química, que ha incorporado el área biotecnológica sin abandonar el desarrollo de productos para la protección de cultivos. Y con larga tradición en la Argentina, donde a los herbicidas tradicionales (el Tordón fue y es un ícono del control de malezas en cultivos y campos de pastoreo) le suma una fuerte y creciente presencia en la industria de semillas.
La visita fue conducida por el presidente de la filial argentina, Rolando Meninato, y el director comercial Jorge Parizzia. Incluyó una recorrida por los 50.000 metros cuadrados de invernáculos y laboratorios donde se desarrollan los agroquímicos y los eventos biotecnológicos, la visita a la estación experimental de Fowler, especializada en maíz, y entrevistas con los principales directivos, incluyendo al propio presidente de la empresa Jerome Peribere.
Antonio Galíndez brindó el primer panorama global. Es vicepresidente de Crops Business. Sostiene que la biotecnología ha tenido un efecto de "canibalización" sobre los agroquímicos. Lo explicó con el ejemplo de la soja resistente a glifosato, que produjo un verdadero terremoto en el mercado global de herbicidas. Por otro lado, provocó una fuerte consolidación, porque muchas empresas ya no tenían recursos suficientes para investigación en una rama muy costosa como la biología molecular con todas sus derivaciones.
Esto generó un traspaso de recursos en investigación y desarrollo. En los 80 se invertían 3.000 millones de dólares en agroquímicos, ahora sólo 1.000. Galíndez reconoce que en los dos últimos años el mercado global de agroquímicos tuvo un incremento, llegando ahora a los 35.000 millones de dólares. Esto es consecuencia de los buenos precios agrícolas. El de semillas es de 15.000 millones y está estable. En cambio, la biotecnología, que recién arrancó en 1994, ya está en 7.000 millones.
En este escenario, Dow Agrosciences (DAS) advierte que existe una fuerte oportunidad para incrementar la productividad. "Como industria somos una parte de la solución. La producción de etanol va a aumentar pero mucho más lo va a hacer la demanda para alimento balanceado", sostiene Galíndez. Será 30% en diez años y la gran estrella es el maíz.
Para eso se están preparando. DAS tiene 5.000 empleados en todo el mundo y factura 4.000 millones de dólares pero es una parte menor de la Dow, una compañía de 54.000 millones de dólares. "Somos uno de los mejores negocios de Dow y somos estratégicos, por eso se justifica que concentramos el 30% de las inversiones en Investigación & Desarrollo de la compañía", agregó Galíndez.
En el rubro agrícola, herbicidas para cereales es el primero. El segundo, herbicidas tropicales. Tercero, glifosato y fenóxidos. Luego insecticidas, después fumigantes para granos y suelos y estructuras. Luego, tratamiento contra termitas, donde hay cambios tecnológicos revolucionarios.
Ramiro de la Cruz tiene la responsabilidad global en insecticidas. Explicó que por presión del mercado, había que buscar productos mucho más "verdes", menos toxicidad a mamíferos y benéficos para el medio ambiente.
Así, el portafolio de insecticidas "verdes" tuvo crecimiento gigante. Pasó de 100 millones en 2001 a 300 el año pasado. Tienen una eficacia sobre las plagas igual a los anteriores pero son mucho más benéficos desde el punto de vista toxicológico. Ideal para manejo integrado de plagas.
Después hablaron de Spinosad: "una belleza de molécula". Es una bacteria que produce un insecticida. "Lo usa Expofrut para sus orgánicos y están fascinados", dicen los funcionarios argentinos.
En la estación experimental de Fowler, el breeder Klaus Kohler mostró el programa de mejoramiento de maíz. Se emplean todas las herramientas de la biotecnología moderna, como la obtención de haploides luego duplicados químicamente, lo que les permite acortar sensiblemente la obtención de un híbrido de maíz. El gran nodo actual es la tecnología Herculex, un evento de protección contra insectos que ya se encuentra en materiales propios y ajenos.
Dow Agrosciences compró entre otros el criadero Mycogen y se apresta a más adquisiciones en todo el mundo para expandir su participación en el mercado de semillas. Pero Herculex ya está en materiales de otras compañías, incluyendo Monsanto, con quien están lanzando en conjunto materiales con ocho genes apilados. Como se ve, mucha carne en el asador.