Llegó a la Argentina a fines del siglo XIX, de manos inglesas, y dejó de ser una práctica de élite. Lo juegan más de 100.000 argentinos y unos 180 millones de personas en todo el mundo.
Llegó al país en 1885, de la mano de inmigrantes ingleses que trabajaban en empresas británicas y en los ferrocarriles. Primero se jugaba en plazas y baldíos y luego se instalaron los primeros clubes, siempre en las zonas que atravesaban las vías. Practicarlo era patrimonio exclusivo de los ingleses. ¿Le suena conocido? Es que el golf, de lo que estamos hablando, llega con una historia muy parecida a la del fútbol.
Desde siempre el golf está relacionado con el mundo de los negocios. Un caso: la Universidad Camilo José Cela, de Madrid, publicó un estudio llamado “El golf cotiza en la Bolsa”, en el que se demostró que sube más rápido el precio de las acciones de las empresas en las cuales sus principales directivos practican este deporte.
“Es difícil saber cuánto mueve el ‘negocio’ del golf. Pero en Estados Unidos, por caso, hay más de 40 millones de jugadores aficionados y mueve miles de millones de dólares. En todo el mundo hay unos 180 millones de jugadores y en la Argentina no bajan de los 100.000. Sin duda, junto con el fútbol, debe ser el deporte que más dividendos da”, explica Carlos Silva, director operativo de la Asociación Argentina de Golf, una entidad fundada en 1926.
El costo de instalar una cancha depende de dos variables: el tamaño (o sea el número de hoyos básicamente) y la firma del diseño. En promedio, entre US$2 y 4 millones cuesta una cancha de nivel bajo; de US$4 a 6 millones sale una buena y más de US$6 millones es el valor de una muy buena. Y el diseño influye. Actualmente se está construyendo una supervisada directamente por Jack Nicklaus, un bronce del golf, por un monto de US$12 millones.
A esto hay que sumarle los gastos en indumentaria, palos, pelotas, mantenimiento. “Un par de zapatos cuestan unos $300, las clases de un profesor como para empezar a jugar son otros $500 y un juego de palos para iniciarse son otros US$500”, dice Silva.
Otras pruebas de su importancia. Cada semana se juega en los EE.UU. al menos un torneo de US$5 millones y hay un canal de TV de 24 horas diarias de golf. Y, además, es un deporte que no tiene limitaciones por edad.
Si en un comienzo las canchas seguían la dirección de las vías, hoy parecen seguir el rumbo de countries y barrios cerrados. Se explica: el 34% de las canchas tienen un proyecto de real state detrás.
Según Manuel Struga, director de la División Emprendimientos de la inmobiliaria LJ Ramos, “el golf se convirtió en un elemento muy pedido por un sector cada vez mayor de compradores”. Y dice que esto sucede “por el aumento en la cantidad de jugadores. Por esto es que los desarrolladores tienen que incluir la oferta del golf. Tanto es así, que el 80% de los emprendimientos tienen golf. Por otra parte, el golf es un elemento aspiracional, vinculado a cierto nivel de vida y que es más práctico y económico que el polo, por ejemplo. Por último, es un deporte que aporta más espacio verde en cualquier emprendimiento”.