Tandem: la vuelta del señor de los viajes imposibles
Philippe Genty regresa en el marco del puente cultural París-Buenos Aires, para presentar Viajeros inmóviles, en el Teatro San Martín
MOSCU/PARIS.- Sobre el canal Vodootvnydny hay un puente peatonal que da al parque Bolotnaya. Sobre él, hay unos vistosos árboles de metal que parecen esculturas kitsch . Hasta allí llegan las parejas de recién casados, acompañados por amigos y familiares en medio de un clima de fiesta. La pareja lleva un candado que cierra en una de las ramas de ese árbol de hierro. Al candado le escriben sus nombres y lo dejan allí como un mudo testigo de un amor. En las barandas de otro puente peatonal, el Pont des Arts, en París, las parejas también le cuelgan candados con igual simbología. Sea en el puente parisiense (aquel que Cortázar cita tantas veces en Rayuela ) o en el moscovita, no creo que, 45 años atrás, Philippe Genty y Mary Underwood hayan dejado uno por ahí. "Ella me encontró en un estado terrible; sin su ayuda no hubiera podido.", reconoció el gran director en otra oportunidad. El, ahora, atraviesa un momento complejo; claro que el tándem que compone con Mary es tan único y enternecedor que parece apenas un sobresalto en la ruta.
Los viajes preservan sensaciones indescriptibles. Viajeros inmóviles, el espectáculo de Philippe Genty que está haciendo funciones en el teatro Mossovet, de Moscú, no es la excepción. Minutos antes de comenzar la función, la gente elige su butaca observando una entrañable maqueta que reproduce a la sala en la cual, con gran precisión, se ha enumerado cada butaca de las 1300 que tiene este edificio construido en 1959. La maqueta parece ideal para un espectáculo en el cual lo artesanal tiene un lugar destacado y se convierte en un gesto casi ideológico contra el avance tecnológico indiscriminado. Valiéndose de elementos de desechos, el gran puestista francés dibuja en el espacio escénico indescriptibles viajes surrealistas que se prestan a interpretaciones diversas (como los mismos sueños). Fiel a la marca Genty, la obra tiende sólidos puentes con la danza, con la manipulación de objetos, con la música, con los títeres y con el teatro imagen. Philippe y Mary son los dos directores de esta obra que está por hacer sus valijas.
Otro tándem, el organizado por el gobierno francés y el Ministerio de Cultura de Buenos Aires, permitirá que Viajeros inmóviles debute el 22 en el escenario mayor del Teatro San Martín. Esa movida se llama justamente Tándem París-Buenos Aires.
Genty estuvo en esa sala por primera vez en 1988. Por arte de cierto encantamiento (o por el arte del mismo Genty), su trabajo derivó en ícono, en punto de referencia, en faro hacia nuevas estéticas. Cuando Pierrik, Julia y Amador vieron un video de Viajeros inmóviles les pasó algo similar a lo que le había sucedido al público argentino: quedaron impactados. La gran diferencia es que ahora ellos son actores de la compañía de Genty. El primero es de Francia. El segundo, de España, La tercera, de Lincoln, provincia de Buenos Aires, según dice con cierto orgullo quien ingresó al grupo hace apenas dos meses. Tres horas antes de la función, el elenco completo comienza un largo proceso de preparación y reparación de cada uno de los materiales que usan durante la función. El trabajo es sumamente meticuloso y la obra les demanda enorme concentración. Por suerte, todo ese esfuerzo tiene su recompensa con el aplauso final. Claro que, a veces, la reacción del público ruso los hace sufrir un poco. Es que durante la hora y media de la función, los espectadores parecen no reaccionar ante los sutiles gestos de comicidad que posee una propuesta que es todo un viaje hacia el mundo de los sueños. La función del debut, según cuentan, la pasaron fatal. "¿Estarán despiertos?", se preguntaba Julia Sigliano. Claro que, llegado el final, el entusiasmo de la platea es algo cercano al desborde. Digo «cercano» porque el público sólo aplaude de forma sincronizada, una rareza, y en un tempo llamativamente lento, más extraño todavía. Eso sí: duro y parejo.
Uno de los actores del grupo, Amador, aporta una lectura superadora de las diferencias culturales: "Los espectáculos de Genty están hechos con sus miedos, sus fantasías, sus sueños. Son algo muy personal. Claro que ese hecho personal sabe abrirlo de tal manera que caben todos nuestros miedos, nuestras fantasías, nuestros sueños. Por eso esas imágenes siempre producen un eco, siempre hay algo que te resuena".
De viajes y tiempos
Genty ya presentó en Buenos Aires Désirs Parade (1988 y 1994) y Dérives (1992). Aquellas puestas produjeron un eco sólo comparable a la huella que dejaron creadores como Pina Bausch, Tadeusz Kantor y La Fura dels Baus. A él ese cuento le resulta un tanto ajeno aunque le brillen los ojos cuando se le recuerda la repercusión que dejaron sus puestas. Sentado en un inmenso sillón de su casa parisiense, pone en duda su retorno a Buenos Aires ("ciudad a la que encuentro muy próxima a nuestra producción", dice). Es que hace cinco meses tuvo un accidente que le impide comunicarse con cierta facilidad. Está en plena recuperación. Por eso, ahora es Mary Underwood -su esposa, una magnífica coreógrafa, codirectora de sus espectáculos y la abuela que todos quisiéramos tener- la que toma con más vehemencia la palabra sin perderle gesto, mirada y atención a aquella persona que conoció hace mucho, muchísimo tiempo. Hace tres años, estuvieron en Bariloche dictando un taller intensivo organizado por la Unsam. Allí, desplegaron toda su energía, De él participó, justamente, Julia, la misma que desde hace dos meses se subió a este viaje de formar parte de la compañía que le quitaba el sueño y que, en pocos días, la llevará a actuar en el San Martín, lugar donde había estudiado en el Taller de Titiriteros. ¿Cerrás un círculo? "No", dice rápida en un bar de Moscú, mientras afuera hace un inexplicable calor. A lo sumo, quizás abra otro.
Los espectáculos de Genty saben abrirse puertas, jugar con diversas lecturas y aceptar todo tipo de interpretaciones. Viajeros inmóviles, creación de 1996, no es la excepción. Hasta en el uso de los elementos que manipula (papel de embalar, plásticos) toma una ruta clara que explica el mismo Genty. "Todos los materiales que usamos tienen la energía de algo que continúa, que se recrea, que se recicla permanentemente. Como si todos estuviéramos en un largo viaje. Por eso, en la obra, cuando todo parece terminar; aparece un bebe que dice «papá». Para nosotros, ése es el signo de la esperanza."
De esperanza ellos saben. De encuentros, de ciclos y de despedidas, también. Por eso, después de una tarde entre té verde y fotos de su casa en el campo, asoman la cabeza por la ventana del departamento como si fueran dos chicos y, entre risas, desean un buen viaje.
En un rincón de la palaciega y socialista estación Kievkaya-kotsevaya hay una señora con el delantal puesto que maneja un puesto para sacarse fotos carnet, algo que, convengamos, ya no se usa, ya nadie reclama, ya nadie necesita. Las fotos que están como muestrario están un tanto amarillentas y a la cortina se le notan las décadas. En plena hora pico, mientras cientos de pasajeros circulan por el lugar a paso rápido, ella está abstraída, detenida en su propio tiempo, haciendo algo así como unas palabras cruzadas. Ahora que lo pienso, quizá también de ello hable Viajeros inmóviles.