La reciente reunión en Viena de la OPEP el cartel exportador de petróleo integrado por doce naciones fue inusualmente dura. Produjo, además, sorpresas geopolíticas.
La primera tuvo que ver con Irán, país que ejerce la presidencia pro tempore de la organización. Pese al anuncio del Presidente Ahmadinejad en el sentido que él mismo presidiría la reunión de la OPEP, no fue así. Lo hizo en cambio, su ministro de petróleo, Mohammad Aliabadi, al que Ahmadinejad había tratado de destituir para encontrarse con que el Ayatollah Khamenei bloqueó esa decisión, en lo que aparece como una nueva señal de debilitamiento político del presidente iraní, enfrentado a los líderes religiosos que conducen la teocracia.
La segunda sorpresa fue la decisión del cartel exportador de no aceptar la propuesta de Arabia Saudita de aumentar las cuotas de producción de crudo de sus miembros con el objeto de contribuir a moderar la suba de los precios del crudo -particularmente el tipo Brent, que está ya en los 115 dólares el barril- que afecta al ritmo de recuperación de las economías norteamericana y europeas tras la crisis del 2008/09. El año pasado los precios del crudo aumentaron un 35%.
Es necesario reemplazar el crudo libio que sustancialmente ha desaparecido del mercado, provocando una disminución de la oferta de por lo menos 1,3 millones de barriles diarios y generando volatilidad. A lo que cabe sumar una reducción adicional del orden de los 300.000 barriles diarios generada por los conflictos violentos en Siria y Yemen.
Liderados por Irán, cinco miembros votaron en contra: Algeria, Angola, Ecuador, Libia y Venezuela. La propuesta saudita sólo logró el apoyo de Kuwait y los Emiratos.
La pulseada de los dos países que pugnan por liderar a la región: Arabia Saudita e Irán, terminó, esta vez, con una victoria iraní. Recordemos que ambas naciones están enfrentadas en el conflicto que afecta a Bahrain, donde Arabia Saudita ha enviado tropas para sostener al monarca local e Irán ha incitado -y apoyado- las protestas de la mayoría shiita de la población local. Y también difieren respecto de Libia, donde Qatar y Kuwait están apoyando abiertamente a los rebeldes de Bengazi, mientras Irán denuncia las acciones de la OTAN.
La negativa en la OPEP tendrá pocas consecuencias inmediatas, desde que se presume que Arabia Saudita aumentará sus entregas al mercado, utilizando parte de los casi 3,5 millones de barriles de crudo diarios de su capacidad excedente. En rigor, Arabia Saudita, el mayor productor de crudo del mundo, ya está excediendo su cuota en algo así como un millón de barriles de crudo diarios.
Pero la pulseada geopolítica es evidente y su resultado puede afectar la disciplina interna y eficacia de la OPEP que produce el 40% del petróleo del mundo. Porque la fractura entre sus miembros -separados por diferentes urgencias y visiones- es clara. Desde la última vez que la OPEP revisara las cuotas de sus miembros, en el 2008 cuando se precipitó la recesión mundial, ellas no se han tocado pese a que la realidad ha cambiado desde entonces.
La próxima reunión de la OPEP está prevista para el 14 de diciembre, pero no sería sorpresivo que, de pronto, se convocara de urgencia a otra para zanjar la diferencia de posiciones que se ha hecho evidente.
Para el presidente Obama, en los Estados Unidos, el precio del galón de nafta a casi 4 dólares es una mala noticia, particularmente cuando hace apenas un año estaba en 2,70 dólares y cuando se acerca una nueva campaña electoral. Es probable, sin embargo, que el consumo mundial de crudo siga en aumento impulsado fundamentalmente por los países emergentes que crecen más rápido que los Estados Unidos y Europa. Muy particularmente en función de la fuerte demanda de crudo de China, Japón y del propio Medio Oriente, que necesitan generar cada vez más energía eléctrica.
La grieta en el seno de la OPEP está a la vista. Pero no necesariamente es irreparable cuando existe en sus miembros un denominador común, el de maximizar los ingresos de sus hidrocarburos que ya los ha hecho superar otros momentos difíciles.
El autor es ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.