Soema Montenegro. En Passionaria despliega la vanguardia sonora.
De qué época es este tema? Parece una canción tradicional”, le han dicho a Soema Montenegro más de una vez, cuando muestra las melodías en su voz tribal que traen imágenes ensoñadas, fábulas de amor más allá del tiempo, con los colores del agua, los arrullos del viento. “No, ese tema es de ahora; lo compuse yo”, le toca responder, pero es claro: algo recóndito baja de su propia voz al presente, a las canciones que llevó a su segundo disco recién salido: Passionaria (Acqua records). En él, Soema Montenegro (criada en Haedo, con varios territorios en su canto) despliega doce momentos de vanguardia sonora en los que, a través de otras entidades poéticas y palabras con las que juega cantando, logra conjurarse a sí misma, intuyendo, quizás, el folclore por venir.
“Hay voces mías llevadas al extremo y dejo que afloren”, deja ver, en un recorrido con indudables marcas de lo andino; lo afroperuano; el Sur de Brasil; los ríos, siempre.
Passionaria “reúne un sonido entre lo viejo y lo nuevo. Me gusta esa manera de componer”, concibe Soema, una artista que se desmarca, incluso, al interior de su campo cercano, la creciente escena del folclore eléctrico y ritual: su voz roza algo espiritual.
“Busco aquello que remite al no tiempo. Algo que no se sabe a qué época pertenece y en qué momento se grabó. Juego con un folclor (sic) imaginario”. Ha dicho “ folclor ”, al modo de la vieja escuela, de las recopiladoras del canto ancestral: Soema elige desarmar estructuras -y preconceptos- en Passionaria . La producción de su compañero Jorge Sottile (bandoneón, percusión con objetos varios, udu, arpa de boca), junto a Juanito el cantor (y sus guitarras) va arropando las canciones (y la guitarra y el cuatro venezolano de Soema) con texturas a cargo de un ensamble con pulso de jazz pero que suena bien latinoamericano: contrabajo, ronroco, bombo, flautas, saxo, tuba, piano, cello, violín, etc. Y como la improvisación definió la grabación del disco -noviembre de 2009- “esta música tiene una frescura que me permite readaptarla en vivo. Dejamos que siga evolucionando”, augura. “La voz es un gran regalo, un gran canal de manifestación de la humanidad. A mí me sanó muchas cosas trabajar con ella”.
Y con el susurro abre los ojos, Soema: “Es algo que me conecta con lo visible y lo otro, que no se ve”. ¿Cómo llega la música a ella, por fin? “Va revelando una forma de cantar y la sigo a ver adónde me lleva. No tiene sentido lo que yo piense sino lo que ella está pidiendo. Va más allá del intelecto”, asegura.