Vicentico. Fiel a su estilo, montó un teatro de más de dos horas, con sus temas solistas, de los Cadillacs y covers.
Si hay algo que logró Vicentico en el show del Luna Park del viernes fue desplegar su perversión, difuminar el límite entre la verdad y la mentira desde el comienzo: el primer tema fue Ya no te quiero , cuyo sentido es lo contrario de su enunciado.
El teatro estaba lleno, pero eso no implicaba mandar a la prensa al fondo a la derecha: no permite un buen registro del espectáculo. Más si las pantallas colapsan, si la baja calidad del sonido no permite entender con toda claridad lo que dice la estrella y si las imágenes que se proyectan no se ven.
Al primer corte se escucharon los clásicos “que vuelvan los Cadillacs”, “ídolo”, “dale, gordo”. Vicentico saludó y se refirió a sí mismo en tercera persona dejando en claro que el que estaba ahí arriba no era Gabriel Fernández Capello, sino el personaje: “El artista está tocando muchos temas del disco nuevo, ¿está mal? ¿Quieren de los nuevos o de los viejos? Me chupa un huevo. Va un tema del primer disco.” Siguió con Chalinet.
La lista de temas fue la de un casamiento que tiene que conformar todos los gustos. Hubo temas románticos ( Cobarde ), para mover las caderas ( Se despierta la ciudad ), para hacer trencito ( Tiburón ) y pogo ( Luca ) pese a que las butacas lo acapararan todo. Las chicas sub 25 bailaban como si estuvieran arriba de un parlante en un boliche, las madres que habían llevado a sus hijos, sobrinos y amiguitos movían la cabeza con cada canción.
Uno de los grandes momentos de la noche fue cuando hizo una sentida versión de Paisaje . “Esta canción la escribió Franco Simone, después fue grabada por un montón de artistas y ahora, lamentablemente, la grabó este artista que agradece la presencia de Graciela Borges y Valeria Bertuccelli”. Luego, “el artista” murmuró una declaración de amor para la esposa de “la persona”: “Sólo dedicada a vos, mi amor”. Lío.
Para El número dos en tu lista y El rey del rock and roll subió el hijo mayor de Fernández Capello, Florián, a acompañar con la guitarra. “Gracias, muchas gracias, ¿continuamos? ¿Y si no continuamos qué pasa?” Y continuaba. “Le quiero dedicar esta canción a quien la sacó de su cuerpo, de su corazón, de su galera, a Sergio Rotman” e hizo Siguiendo la luna .
Vicentico, una voz que se quiebra, convive entre varias contradicciones: juega a la anti-estrella y llena un Luna Park, es parco y adorable, compone letras oscuras y su música está llena de color. Cantó con la mirada clavada en un punto ciego como desafiando a alguien. Se sacaba el saco, se lo volvía a poner, le bailaba a las cámaras que lo estaban filmando, movió las caderas a lo Shakira. En Las manos levantó sus brazos, pero decía que se le veía la panza, entonces las bajaba. Nadie vio nada. Afinó la guitarra frente a todos, se sonó la nariz como si estuviera en una cancha de fútbol y se limpió con una toalla. Amagó a tirarla al público, con quien se generó una empatía prácticamente familiar, pero cayó a sus pies.